Esa noche, aquellos que no estaban emparejados, o tenían la moza en otro pueblo, quedaban hasta el amanecer, y cuando se sabía o se sospechaba que uno del pueblo salía con una “rapaza” les echaban paja por la calle, de una casa a la otra, para que al día siguiente se enterara el pueblo que salían juntos.
Los redobles de tambor y la pandereta marcaban con ritmo seco cada estribillo, y daban la entrada a uno nuevo:
A la mañana temprano
rézale a la Inmaculada,
que te ilumine los pasos
y te haga buena casada.
Tus padres, que están presentes,
Dios les de paz en la tierra
y a ti, hermosísima dama,
que logres lo que deseas.
Los redobles de tambor y la pandereta marcaban con ritmo seco cada estribillo, y daban la entrada a uno nuevo:
A la mañana temprano
rézale a la Inmaculada,
que te ilumine los pasos
y te haga buena casada.
Tus padres, que están presentes,
Dios les de paz en la tierra
y a ti, hermosísima dama,
que logres lo que deseas.