Estas letrillas se cantaban en el día de la despedida, en víspera de la boda. Era constumbre hacer dos roscas de pan, una de parte del novio y otra de la novia; la del novio se la entregaban al presidente de los mozos y la de la novia, a las mayordomas, luego la comían juntos y tenían jolgorio. En el se cantaban versos, entre bromas, comida y simpatía. Comenzar a cantar costaba mucho trabajo; el vino, la maza, el ritmo del tambor y las voces tardaban en armonizarse. Pero, una vez puestos, cada verso, cada estrofa, se cargaba de vida y sentimiento. Transcribo algunos:
Voy cantando, voy rondando,
no diciendo mal de nadie,
que también la cortesía,
parece bien en la calle.
Licencia pido al cerrojo,
licencia pido a las llaves,
licencia te pido a ti,
licencia pido a tus padres.
Voy cantando, voy rondando,
no diciendo mal de nadie,
que también la cortesía,
parece bien en la calle.
Licencia pido al cerrojo,
licencia pido a las llaves,
licencia te pido a ti,
licencia pido a tus padres.