Por la braña andaba un día
–la mi brañina de Caldas–
careando para el chozo
con los mis perros las vacas
El sol fuyendo se diba
por la collada más alta
golvíase el aire quieto
y el atardecer se apagaba.
Vide venir sospirando
una princesa galana,
negra de vestir, la hermosa,
negra de vestir, la blanca
–Queréisme decir, la niña,
queréisme decir, zagala
endónde está ese que dicen?
de Luna soberbio alcázar,
en do aquel que me robaron
la vida toda penaba?.
–Es una roca, señora,
muy alta y atravesada,
ese Castillo de Luna
que llaman la torreada.
Es una roca, señora,
negra es y atravesada.
Quedarvos aquí, mi dueña,
hasta que vos guíe el alba
y entonces debéis golveros
a vuestra casa alhajada.
–Morirme habré, la mi niña,
si a Don Sancho no abrazaba,
ese que tiene por nombre
Conde Sancho de Saldaña,
padre honrado de Bemaldo
el fijo de la mi entraña,
mal apartado del rey
en la roca torreada
por la mor de unos villanos
que amén perdieran el alma.
Dime, pues, la niña, dime,
la mi senda aderechada
que he de subir a la roca
y llorar allí mis lágrimas.
–Señora, la mi señora,
cómo me partís el alma.
Quedarvos acá en los fuegos,
reposar en las mis lanas,
caluestros habre de darvos
de la novilla gallarda
con tortas de pan candial
y una grande freisolada,
y si a vos se vos antoja
leite fría y ennatada
y para la fin las migas
con manteiga esmigajadas.
Señora, señora mía,
mañana será mañana
y habréis de ver en la roca
a ese Sancho de Saldaña.
Fermoso estará, mi dueña,
ansí como os pide el alma,
alto lo veredes de oro
sobre las torres de plata..."
–la mi brañina de Caldas–
careando para el chozo
con los mis perros las vacas
El sol fuyendo se diba
por la collada más alta
golvíase el aire quieto
y el atardecer se apagaba.
Vide venir sospirando
una princesa galana,
negra de vestir, la hermosa,
negra de vestir, la blanca
–Queréisme decir, la niña,
queréisme decir, zagala
endónde está ese que dicen?
de Luna soberbio alcázar,
en do aquel que me robaron
la vida toda penaba?.
–Es una roca, señora,
muy alta y atravesada,
ese Castillo de Luna
que llaman la torreada.
Es una roca, señora,
negra es y atravesada.
Quedarvos aquí, mi dueña,
hasta que vos guíe el alba
y entonces debéis golveros
a vuestra casa alhajada.
–Morirme habré, la mi niña,
si a Don Sancho no abrazaba,
ese que tiene por nombre
Conde Sancho de Saldaña,
padre honrado de Bemaldo
el fijo de la mi entraña,
mal apartado del rey
en la roca torreada
por la mor de unos villanos
que amén perdieran el alma.
Dime, pues, la niña, dime,
la mi senda aderechada
que he de subir a la roca
y llorar allí mis lágrimas.
–Señora, la mi señora,
cómo me partís el alma.
Quedarvos acá en los fuegos,
reposar en las mis lanas,
caluestros habre de darvos
de la novilla gallarda
con tortas de pan candial
y una grande freisolada,
y si a vos se vos antoja
leite fría y ennatada
y para la fin las migas
con manteiga esmigajadas.
Señora, señora mía,
mañana será mañana
y habréis de ver en la roca
a ese Sancho de Saldaña.
Fermoso estará, mi dueña,
ansí como os pide el alma,
alto lo veredes de oro
sobre las torres de plata..."