MANZANEDA DE OMAÑA: Aquí no valía lo de "con pan y vino se anda el camino",...

Aquí no valía lo de "con pan y vino se anda el camino", aunque se recordase con frecuencia. La leche (hasta hace muy pocos años no se recogía y vendía) era uno de los alimentos fundamentales diarios, desde la leche de cabra para el café de la mañana, a la leche de vaca para las sopas de ajo, patatas, arroz... También los derivados de la leche, manteca, queso y cuajada, se consumían diariamente; algunas veces se comían también los "culestros o culuestros", con leche de vaca recién parida y harina. Los frisuelos también se comían con frecuencia. Alguna vez se desayunaba con "papas", harina de maíz con leche. Las patatas (coci­das, fri­tas, en ensaladilla..) era uno de los alimentos perma­nen­tes.

La alimentación en esta región tiene un juego estacional de acuerdo con las tareas agrícolas, a consecuencia de un mayor esfuerzo y consumo de las energías físicas. Se puede afirmar que durante el verano y el otoño la alimentación es más abundante y variada, consumiéndose la mayor parte de las reservas de las despensas, las carnes de cerdo y la cecina de cordero y vaca, a causa de las rudas tareas de la recolección y la siembra… La leche es otro de los productos alimenticios más consumidos; por la mañana, en las clásicas sopas de leche, e igualmente por la noche después de las patatas guisadas. [Teij46, 457].

El gallinero era el sitio socorrido para cualquier imprevis­to: huevos en abundancia para preparar de distintas formas, y pollo o gallina para días especiales. En los tiempos de un mayor trabajo (siega de hierba, siega del pan, majas..) la comida era fuerte (cinco comidas al día: Desayuno, Diez, Comida, Merienda, Cena) y a base fundamentalmente de cerdo: tocino, jamón, lomo, chorizo,.. con algo de cecina de cabra y oveja. Algunos días festivos se comían truchas del río Luna, en otros tiempos fáciles de pescar, a mano, con caña, con harpón o zarpón, tiradera, nasas, etc.. Todo ello acompañado con buenos tragos de vino de los pellejos traídos de Tierra o de Toro, en las épocas de trabajo duro; durante el invierno apenas se bebía vino.

Las verduras (especialmente lechuga en verano y berzas en invierno, con carne y huesos de cerdo, morcilla, -tal vez el cocido más típico de la comarca.-..) y fruta (manzanas, peras, cerezas, ciruelas) eran básicas en la alimentación. Los fréjoles verdes también eran frecuentes en verano.

En los días de grandes fiestas (El Corpus, San Roque, Navidad, Año Nuevo, se preparaban suculentos postres: flanes, mazapanes (en la zona se llamaba "pan de Portilla"), rosquillas. Se respetaban los días de Vigilia y ayuno, retirando además la Bula que permitía sustituir la Vigilia de todos los viernes del año menos los de Cuaresma. Los días de vigilia se comían tortillas de patata, pescados salados y truchas.

En algunas hacenderas y, a veces cuando alguien recibía ayuda de vecinos para algún trabajo especial, se solía convi­dar a los asistentes con sardinas en vinagre o chicharro y vino.

En cada amasado se solía hacer uno o más "bollos" o empanadas de chorizo y tocino.

En las fiestas de Navidad, Año Nuevo y Carnaval era norma comer la "androcha" que en otros sitios llaman "butillo o butiello". Los días de Navidad y Año Nuevo era habitual el tomar en ayunas la "parva" (una copa de aguardiente y un pedazo de "torta fuchada" -hecha con harina, azúcar y aceite, en finísimas capas superpuestas).

En cuanto a la alimentación, ya decía Madoz: "Los montañeses hacen con sencillez y aseo sus viandas reducidas al uso de la leche, queso, manteca, pan de centeno por lo común, cocido de carnes saladas la mayor parte del año, y en el verano, una confección de carnero conocida con el nombre de caldereta