Transeúnte deriva del latín transiens, significando y definiendo al que pasa de un lugar a otro, residiendo transitoriamente en un sitio, tal vez buscando descanso y sosiego, tal vez envuelto en la pesquisa de su propio destino.
Y como transeúntes vamos a recorrer Omaña, buscando su paz y encanto, para quedarnos con el mejor de los recuerdos.
Conscientes de las limitaciones impuestas por estas breves líneas, trataremos de escolumbrar en algunos de sus rincones, adivinando y entreviendo lo que se oculta en su regazo bello y placentero, dejando que sean nuestros ancestros quienes nos hablen y nos cuenten. Para ello seguiremos los pasos del cancionero leonés, recogido por un "transeúnte" muy especial, Miguel Manzano. Y también seguiremos otros pasos, de Florentino Agustín Díez González, y del Padre [sic?]Jolis, y de tantos otros que permanecen a la sombra del papel. Serán pues, unos pasos muy particulares, guiados siempre por los hijos de Omaña.
Nuestro tránsito se inicia en 1919 y nuestro guía es Peralvillo de Omaña: "Y una noche en que me encontraba solo, y la luna brillaba en el cielo serena, entre los astros menores, y los grillos cantaban con inusitado ruido, y las ranas croaban en los charcos, y el ruiseñor desgranaba perlas en su garganta, esparciéndose con dulcísimo rumor por entre la verdura de la alameda, determiné manifestarle mis amorosas ansias y mis penas y hondos anhelos con una carta que escribí vertiginosamente…"
En nuestro atillo llevamos estas amorosas ansias, estas penas y anhelos, que nos acompañarán todo el camino, que ahora, en los albores, iniciamos desde las tierras cepedanas, para asomarnos desde el collado de la Utrera a los primeros valles de la comarca, para sorprendernos y embelesarnos por tanta belleza atesorada.
Detendremos nuestros pasos para hablar con estas gentes del Val de Samario, "despiertas y talentudas, y con frecuencia inspiradas" - en palabras de Florentino Agustín Díez González -, y, cual ruiseñores, poder anidar en el pórtico del Santuario de la Virgen de Las Angustias, y, desde allí, vivir en las caricias de un riachuelo cantarín, que extiende su partitura hasta más allá de Murias de Ponjos, dejando nuestras huellas o nuestra mirada en unos muy antiguos "carreliegos" romanos que tan visibles son desde el pueblecito de Ponjos, patria de un muy ilustre rejoneador, Juan Francisco Melcón, el cual, si nuestro interés es indagar en el apellido que éste lleva, nos llevará hasta el cercano Bierzo, hacia Tremor de Arriba, o también hasta Barrio de la Puente en el Valle Gordo.
Por este Val apenas ya cantan las ruedas del carro, las tradiciones se olvidan, apenas si queda en la memoria la belleza de un cielo estrellado.
Pájaros deseamos ser para, desde aquí, levantar nuestro vuelo, dejando atrás, allí abajo, la peña de la Fortuna, el pozo del Piélago y el antiguo camino real, que protegen un río Humania que baja ya grande y con lindo garbo.
Y llegamos a una rama florida y un jardín de amor que es Irián, porque llegada la primavera, la nieve se trueca en flores, extendiendo su manta cálida por Carrizal, Camposalinas y Santovenia. En estas cimas, nos dice el Padre Laurentino, los aires oxigenados hasta ti llegados serán benéfica lima a los pulmones "cargados". Y entre rosa y rosa, dando una vuelta a la redonda, muy cerca, por Trascastro, Inicio y La Velilla, tal vez encontremos las huellas de los primeros abuelos de Omaña
Y como transeúntes vamos a recorrer Omaña, buscando su paz y encanto, para quedarnos con el mejor de los recuerdos.
Conscientes de las limitaciones impuestas por estas breves líneas, trataremos de escolumbrar en algunos de sus rincones, adivinando y entreviendo lo que se oculta en su regazo bello y placentero, dejando que sean nuestros ancestros quienes nos hablen y nos cuenten. Para ello seguiremos los pasos del cancionero leonés, recogido por un "transeúnte" muy especial, Miguel Manzano. Y también seguiremos otros pasos, de Florentino Agustín Díez González, y del Padre [sic?]Jolis, y de tantos otros que permanecen a la sombra del papel. Serán pues, unos pasos muy particulares, guiados siempre por los hijos de Omaña.
Nuestro tránsito se inicia en 1919 y nuestro guía es Peralvillo de Omaña: "Y una noche en que me encontraba solo, y la luna brillaba en el cielo serena, entre los astros menores, y los grillos cantaban con inusitado ruido, y las ranas croaban en los charcos, y el ruiseñor desgranaba perlas en su garganta, esparciéndose con dulcísimo rumor por entre la verdura de la alameda, determiné manifestarle mis amorosas ansias y mis penas y hondos anhelos con una carta que escribí vertiginosamente…"
En nuestro atillo llevamos estas amorosas ansias, estas penas y anhelos, que nos acompañarán todo el camino, que ahora, en los albores, iniciamos desde las tierras cepedanas, para asomarnos desde el collado de la Utrera a los primeros valles de la comarca, para sorprendernos y embelesarnos por tanta belleza atesorada.
Detendremos nuestros pasos para hablar con estas gentes del Val de Samario, "despiertas y talentudas, y con frecuencia inspiradas" - en palabras de Florentino Agustín Díez González -, y, cual ruiseñores, poder anidar en el pórtico del Santuario de la Virgen de Las Angustias, y, desde allí, vivir en las caricias de un riachuelo cantarín, que extiende su partitura hasta más allá de Murias de Ponjos, dejando nuestras huellas o nuestra mirada en unos muy antiguos "carreliegos" romanos que tan visibles son desde el pueblecito de Ponjos, patria de un muy ilustre rejoneador, Juan Francisco Melcón, el cual, si nuestro interés es indagar en el apellido que éste lleva, nos llevará hasta el cercano Bierzo, hacia Tremor de Arriba, o también hasta Barrio de la Puente en el Valle Gordo.
Por este Val apenas ya cantan las ruedas del carro, las tradiciones se olvidan, apenas si queda en la memoria la belleza de un cielo estrellado.
Pájaros deseamos ser para, desde aquí, levantar nuestro vuelo, dejando atrás, allí abajo, la peña de la Fortuna, el pozo del Piélago y el antiguo camino real, que protegen un río Humania que baja ya grande y con lindo garbo.
Y llegamos a una rama florida y un jardín de amor que es Irián, porque llegada la primavera, la nieve se trueca en flores, extendiendo su manta cálida por Carrizal, Camposalinas y Santovenia. En estas cimas, nos dice el Padre Laurentino, los aires oxigenados hasta ti llegados serán benéfica lima a los pulmones "cargados". Y entre rosa y rosa, dando una vuelta a la redonda, muy cerca, por Trascastro, Inicio y La Velilla, tal vez encontremos las huellas de los primeros abuelos de Omaña