Viernes Santo. Viernes de dolor. Murias de Paredes.
Imposible llegarme hasta la villa de Murias de Paredes por la mañana. Así pues no pude asistir al Vía Crucis cantado de esta gran villa, que, con cuatrocientos setenta y dos habitantes, es la cabeza del partido judicial más grande de la provincia.
Desde la misa del Jueves Santo hasta el toque de Gloria de la misa del Sábado las campanas de Murias de Paredes permanecen mudas. Así que esta tarde el aviso a misa suena diferente. Los niños, siguiendo las órdenes del párroco y subidos al campanario tocan las matracas a cada cual con más ímpetu. Como parecen no querer terminar, Don Gregorio Bardón, bastante encornado, y que se estaba vistiendo en la sacristía para los oficios, sale corriendo y les ordena que bajen inmediatamente. El pueblo responde al aviso de las matracas y van llegando… Eulogio Arienza Hidalgo, sus hijos Eulogio y José - "los médicos"-…y viene la familia Fernández Jolís, con un jovencito José del que todos dicen que será gran poeta omañés…
Los oficios litúrgicos de hoy son de gran relevancia para el pueblo, con todos los santos enlutados, con todos los cofrades preparados para la gran velada, y con aquel innumerable sinfín de oraciones, que todas rematan con el "flectamus genua" y el "levate"; con aquellas canciones: "Viernes Santo, ¡qué dolor!, expiró crucificado Cristo,..." El ambiente que se respira es muy triste, de muerte y luto. Allí está el abad y los demás miembros de la Cofradía, rezando los responsos al final de la misa… Y ahí están los monaguillos recogiendo las perronas que van cayendo en el bonete para pagar el entierro de Cristo...
Tras la misa comienza el Acto más esperado: la Procesión del Cristo de la Vera Cruz. Los cofrades, con su traje negro de "papón" y su rostro cubierto con una caperuza, soportan el peso penitencial llevando al pecho la cruz de la Cofradía. Les siguen los fieles, cantando y orando, solicitando la bendición celeste, en un recorrido por varias calles del pueblo…
Al final, se invita a los asistentes a la tradicional sangría en la cantina de Pedro Alvarez, y hay quien no resiste la tentación de dar una alegre nota de color a la Semana Santa bebiendo algún vaso de vino más de la cuenta.
Un buen plato de bacalao con huevos en la taberna de Genoveva y un filandón muy concurrido remata los actos del día.
Imposible llegarme hasta la villa de Murias de Paredes por la mañana. Así pues no pude asistir al Vía Crucis cantado de esta gran villa, que, con cuatrocientos setenta y dos habitantes, es la cabeza del partido judicial más grande de la provincia.
Desde la misa del Jueves Santo hasta el toque de Gloria de la misa del Sábado las campanas de Murias de Paredes permanecen mudas. Así que esta tarde el aviso a misa suena diferente. Los niños, siguiendo las órdenes del párroco y subidos al campanario tocan las matracas a cada cual con más ímpetu. Como parecen no querer terminar, Don Gregorio Bardón, bastante encornado, y que se estaba vistiendo en la sacristía para los oficios, sale corriendo y les ordena que bajen inmediatamente. El pueblo responde al aviso de las matracas y van llegando… Eulogio Arienza Hidalgo, sus hijos Eulogio y José - "los médicos"-…y viene la familia Fernández Jolís, con un jovencito José del que todos dicen que será gran poeta omañés…
Los oficios litúrgicos de hoy son de gran relevancia para el pueblo, con todos los santos enlutados, con todos los cofrades preparados para la gran velada, y con aquel innumerable sinfín de oraciones, que todas rematan con el "flectamus genua" y el "levate"; con aquellas canciones: "Viernes Santo, ¡qué dolor!, expiró crucificado Cristo,..." El ambiente que se respira es muy triste, de muerte y luto. Allí está el abad y los demás miembros de la Cofradía, rezando los responsos al final de la misa… Y ahí están los monaguillos recogiendo las perronas que van cayendo en el bonete para pagar el entierro de Cristo...
Tras la misa comienza el Acto más esperado: la Procesión del Cristo de la Vera Cruz. Los cofrades, con su traje negro de "papón" y su rostro cubierto con una caperuza, soportan el peso penitencial llevando al pecho la cruz de la Cofradía. Les siguen los fieles, cantando y orando, solicitando la bendición celeste, en un recorrido por varias calles del pueblo…
Al final, se invita a los asistentes a la tradicional sangría en la cantina de Pedro Alvarez, y hay quien no resiste la tentación de dar una alegre nota de color a la Semana Santa bebiendo algún vaso de vino más de la cuenta.
Un buen plato de bacalao con huevos en la taberna de Genoveva y un filandón muy concurrido remata los actos del día.