EL CASTRO / Eduardo Bajo A.
Carta al Cañuetu
Estimable bandolero de Omaña y alrededores: ante todo mi enhorabuena por tu vuelta a la libertad. Un valor –la libertad– que detrás de las rejas se magnifica pero que, desde fuera, no oculta las reducidas dimensiones de su ámbito.
Con tu ausencia he de decirte que tienes enloquecidas a las autoridades y fuerzas del orden... Pero que estos sentimientos no te impidan proseguir tus andanzas; aunque, te advierto, que no vengas por la capital del reino. No sé si sabes que hace apenas unos días una patrulla municipal segó la vida de un inocente conductor, en la persecución de un mero ‘hurto’. Sigue pues en el campo labrando tu leyenda sin meter más de lo conveniente las manos en el légamo, al amparo del ‘bosque animado’ que aún está por quemar en este agosto implacable. Y cuando salgas al camino, para sorprender a los viajeros – ¡me caso en Soria!– roba lo justo como el también mítico Fendetestas que pasó a la historia de la literatura.
Me duele decirte que, con tu oficio, perteneces al pasado. Hoy las tasas de los robos han aumentado increíblemente en contrapartida con tu bosque animado. Desde los sillones parlamentarios a los pedáneos más paletos; pasando por directores generales, diputados, consejeros, concejales y cualquier bicho viviente que –como los hongos de tu monte– viven sin hacer nada y medran bajo la bóveda del poder.
Por otra parte ya no se roba para comida ni para tabaco. ¡Qué va! Son millones de euros que dan para muchas vidas. Banqueros que roban a sus propios bancos; gestores de eventos musicales como el Palau que roban a quien les da de comer y en tramas cuyas redes llegan a los rincones más insospechados –Gürtel, por citar sólo una–. Para ir acabando quiero darte las gracias porque eres el último representante de aquellos seres legendarios que alimentaban las fantasías de la gente: Luis Candelas, Curro Jiménez, el Zorro, el Llanero Solitario... Salud y moderación. Un admirador.
Carta al Cañuetu
Estimable bandolero de Omaña y alrededores: ante todo mi enhorabuena por tu vuelta a la libertad. Un valor –la libertad– que detrás de las rejas se magnifica pero que, desde fuera, no oculta las reducidas dimensiones de su ámbito.
Con tu ausencia he de decirte que tienes enloquecidas a las autoridades y fuerzas del orden... Pero que estos sentimientos no te impidan proseguir tus andanzas; aunque, te advierto, que no vengas por la capital del reino. No sé si sabes que hace apenas unos días una patrulla municipal segó la vida de un inocente conductor, en la persecución de un mero ‘hurto’. Sigue pues en el campo labrando tu leyenda sin meter más de lo conveniente las manos en el légamo, al amparo del ‘bosque animado’ que aún está por quemar en este agosto implacable. Y cuando salgas al camino, para sorprender a los viajeros – ¡me caso en Soria!– roba lo justo como el también mítico Fendetestas que pasó a la historia de la literatura.
Me duele decirte que, con tu oficio, perteneces al pasado. Hoy las tasas de los robos han aumentado increíblemente en contrapartida con tu bosque animado. Desde los sillones parlamentarios a los pedáneos más paletos; pasando por directores generales, diputados, consejeros, concejales y cualquier bicho viviente que –como los hongos de tu monte– viven sin hacer nada y medran bajo la bóveda del poder.
Por otra parte ya no se roba para comida ni para tabaco. ¡Qué va! Son millones de euros que dan para muchas vidas. Banqueros que roban a sus propios bancos; gestores de eventos musicales como el Palau que roban a quien les da de comer y en tramas cuyas redes llegan a los rincones más insospechados –Gürtel, por citar sólo una–. Para ir acabando quiero darte las gracias porque eres el último representante de aquellos seres legendarios que alimentaban las fantasías de la gente: Luis Candelas, Curro Jiménez, el Zorro, el Llanero Solitario... Salud y moderación. Un admirador.