Entre los anecdotarios escolares de aquellos tiempos en los que los inspectores visitaban a final de curso a los chavales de las escuelas rurales de la provincia hay uno muy ilustrativo de la imaginación de un niño y la severidad del régimen.
Llegó una inspectora y comenzó a hacer preguntas con evidente preocupación de la maestra para que los chavales la dejaran en buen lugar. La religión era la materia reina, no se podía decir que fuera una ‘maría’.
– ¿Cuantos dioses hay?
– Dios es uno y trino, son tres personas distintas y un solo Dios verdadero; decían como papagayos.
– ¿Y qué es la nada?
Ahí el chaval tiró de imaginación y olvidó los frases hechas del catecismo de Astete: ‘‘Pues la nada será un cuchillo sin mango al que le falta la hoja’’.
La inspectora no asintió, no era la respuesta esperada pero nadie puede negar que lo que contestó el niño era exactamente la nada.
Llegó una inspectora y comenzó a hacer preguntas con evidente preocupación de la maestra para que los chavales la dejaran en buen lugar. La religión era la materia reina, no se podía decir que fuera una ‘maría’.
– ¿Cuantos dioses hay?
– Dios es uno y trino, son tres personas distintas y un solo Dios verdadero; decían como papagayos.
– ¿Y qué es la nada?
Ahí el chaval tiró de imaginación y olvidó los frases hechas del catecismo de Astete: ‘‘Pues la nada será un cuchillo sin mango al que le falta la hoja’’.
La inspectora no asintió, no era la respuesta esperada pero nadie puede negar que lo que contestó el niño era exactamente la nada.