MANZANEDA DE OMAÑA: CUBIERTA...

CUBIERTA

Al igual que la piedra era transportada por los vecinos en carros o en llamada corza cuando se trataba de los bloques más pesados, otro tanto se hacía con la madera, cortada en luna de cuarto menguante y sujeta a la Ordenanza pertinente, como la de Manzaneda, que en líneas anteriores ya aludimos.

La clase de madeira empleada era normalmente de roble, choupo o abedúl. Se talaban los árboles mayores para utilizarlos, en muchos casos, “rollizos”, es decir, sin escuadrar, en el madramiento general de la casa. Las vigas se cortaban con una “sierra de verduguillo” para aserrar de manera transversal, mientras que para hacer un hilo en la viga, es decir, aserrar longitudinalmente, se utilizaba la “sierra de brazo” sobre unas forquetas. Con ellas se hacían, a partir de una técnica elemental, pies derechos, zapatas, antepechos, corredores, aleros y, por supuesto, la armadura de la cubierta.

El armante más común de la cubierta es de “parhilera” (lám. I). La casa de “faldones” con anguilones (limatesas), sería el segundo nivel de evolución de la estructura de la cubierta de cuelmo. Se halla formada por unas soleras o durmientes sobre los muros, aunque en las construcciones más primitivas podían llevar únicamente unas losas o refaldos que sobresalían de forma apreciable (fot. 62). Las durmientes, también llamadas estribos, servían para hacer más uniforme el apoyo de la armadura, ante las irregularidades de la base superior del paramento, y para repartir los empujes (lám. II). Sobre ellas se apoyaban las tixeras o tijerones (tijeras) –que podían tener “pendolón” y “jabalcones”–, con ensamblajes en el vértice superior de “media madera” o bocalobo, de “horquilla” y de taraviella (fot. 63), reforzados por un espigo de madera que las atraviesa, después de perforar el encuentro de las vigas con un sebillón.

Para las tijeras y cerchas sobre las durmientes se utilizaban tres apoyos: de “barbilla”, “media madera” y “engatillada” (lám. III). Es frecuente que a partir de la altura del tirante de la “tijera” la pared disminuya de grosor, siendo bien apreciable en los pajares. Al mismo tiempo, se colocaban los “tirantes” o vigas de airee, que en algunos casos sobresalían de manera que, para evitar movimientos, se le introducía en el extremo un refuerzo vertical que hacía tope con la pared (fot. 64).

Las ensambladuras citadas no suelen utilizarse en los cantiaos de la cubierta de cuelmo. Estos cantiaos son los “pares” que se apoyan directamente con un pequeño rebaje, en el mejor de los casos, sobre la filera, cumbral o “hilera”, sobre las soleras o “correas”, y sobre las durmientes (fots. 65 y 656). A los cantiaos se atan los cangos con las tazas, sencillas ligaduras de bimbre (mimbre) (fot. 67). Tales cangos son el equivalente a las “ripias” de la cubierta de teja o losa.

La cubierta de paja se forma con el colmatín de centeno después de realizar la bulgueira, que son las cañas elegidas una vez majadas con el mayal –nunca un trillo para no fragmentar las gavillas– 6. Unidas en manojos atados con civillas o civillones, se disponen de abajo a arriba desde el refaldo, en forfugadas o hileras que se atan a los cangos con los bilortos. Sucesivamente se colocan con la techadora, paleta de forma lanceolada con incisiones que hacen de tope en las caras y que ayudan para golpear eficazmente las forfugadas y asentarlas hasta la cumbre. En el remate de los laterales se prendían unas forquetas para sujetar los haces de paja. La cumbrera se remataba colocando a ambos lados de las vertientes unos varales sujetos por lastras o mediante terrones o tapines que impedían fuese levantada la techumbre por los vientos.