Adiós al único antídoto contra la despoblación
La sangría poblacional que viene sufriendo la provincia de León desde hace décadas se había mitigado en cierto modo gracias a la inmigración. La caída de la barrera del medio millón de habitantes no es sólo simbólica y, tras una leve recuperación en los últimos años, volverá a pesar este año sobre el subconsciente provincial si se cumple la previsión del Instituto Nacional de Estadística (INE) para 2010. La crisis es, de nuevo, la culpable de este cambio de tendencia cuya dimensión tiene en estos momentos un incalculable alcance.
Uno de los síntomas de esta situación es el frenazo dado a las reagrupaciones familiares de los extranjeros, una de las fórmulas más estables para ganar población. Según los datos facilitados por la Subdelegación del Gobierno en León, se han reducido a la mitad en los tres años que cumple ya la recesión. Frente a las 1.242 solicitudes tramitadas en 2008, se pasó en 2009 a 614. La tendencia de este año, con 268 expedientes hasta el pasado mayo, hace aventurar más de lo mismo.
En la mayoría de los casos, la reagrupación se solicita para los cónyuges o hijos de los inmigrantes que viven de forma legal en León. Para formalizar esta solicitud es requisito imprescindible estar residiendo como mínimo un año en territorio español y haber obtenido también la autorización de residencia para otro año más. El inmigrante que pide la reagrupación debe disponer de un alojamiento adecuado y tener medios de subsistencia suficientes para afrontar tanto los gastos propios como los de su familia. Es decir, se trata de un establecimiento de población con voluntad de permanencia, de ese que permite aumentar el padrón en una situación en la que el crecimiento vegetativo provincial por sí mismo no es suficiente para remontar la pérdida de habitantes.
Otra dura consecuencia de la crisis económica se refleja en que se ha disparado el número de inmigrantes acogidos al Plan de Retorno Voluntario. No sólo vienen menos con vocación de quedarse, sino que aumenta la cifra de aquellos que quieren irse. El volumen total no es significativo pero resulta sintomático para comprender la situación. En 2008 sólo cuatro inmigrantes solicitaron retornar a su país, mientras que en 2009 fueron 51.
La sangría poblacional que viene sufriendo la provincia de León desde hace décadas se había mitigado en cierto modo gracias a la inmigración. La caída de la barrera del medio millón de habitantes no es sólo simbólica y, tras una leve recuperación en los últimos años, volverá a pesar este año sobre el subconsciente provincial si se cumple la previsión del Instituto Nacional de Estadística (INE) para 2010. La crisis es, de nuevo, la culpable de este cambio de tendencia cuya dimensión tiene en estos momentos un incalculable alcance.
Uno de los síntomas de esta situación es el frenazo dado a las reagrupaciones familiares de los extranjeros, una de las fórmulas más estables para ganar población. Según los datos facilitados por la Subdelegación del Gobierno en León, se han reducido a la mitad en los tres años que cumple ya la recesión. Frente a las 1.242 solicitudes tramitadas en 2008, se pasó en 2009 a 614. La tendencia de este año, con 268 expedientes hasta el pasado mayo, hace aventurar más de lo mismo.
En la mayoría de los casos, la reagrupación se solicita para los cónyuges o hijos de los inmigrantes que viven de forma legal en León. Para formalizar esta solicitud es requisito imprescindible estar residiendo como mínimo un año en territorio español y haber obtenido también la autorización de residencia para otro año más. El inmigrante que pide la reagrupación debe disponer de un alojamiento adecuado y tener medios de subsistencia suficientes para afrontar tanto los gastos propios como los de su familia. Es decir, se trata de un establecimiento de población con voluntad de permanencia, de ese que permite aumentar el padrón en una situación en la que el crecimiento vegetativo provincial por sí mismo no es suficiente para remontar la pérdida de habitantes.
Otra dura consecuencia de la crisis económica se refleja en que se ha disparado el número de inmigrantes acogidos al Plan de Retorno Voluntario. No sólo vienen menos con vocación de quedarse, sino que aumenta la cifra de aquellos que quieren irse. El volumen total no es significativo pero resulta sintomático para comprender la situación. En 2008 sólo cuatro inmigrantes solicitaron retornar a su país, mientras que en 2009 fueron 51.