E l verano parece el tiempo de las nostalgias. Las añoranzas se nos cuelan en las páginas de los periódicos, en los programas de fiestas, en las semanas culturales. Parecemos añorar incluso cuando éramos esclavos y vamos de fiesta romana en fiesta medieval. Echamos de menos sudores pasados y recreamos la siega y la trilla como si nos fuera la vida en ello.
Y, al final, pronunciamos la repetida frase de que ‘‘cualquier tiempo pasado fue mejor’’ admirando el salpicadero de un Seat 600 o viendo los reportajes de la revista Semana de 1980 cuando por sus páginas desfilaban actrices, actores, princesas, millonarios y otras gentes del bien vivir mientras esta misma semana nos castiga con los 30 años de Borja Thyssen y el nuevo amor del tenista Feliciano.
Pero, superada la nostalgia, nos damos cuenta de que lo único seguro de cualquier tiempo pasado es que fue... anterior, de que si nos obligan a ir en un coche sin cierre centralizado, elevalunas eléctrico, aire acondicionados, cuatro airbags, servofreno y ordenador de a bordo decimos que es una castaña, que si nos sentamos en los asientos de skay del añorado Seiscientos no soportamos la camisa pegada por el sudor...
Y, al final, pronunciamos la repetida frase de que ‘‘cualquier tiempo pasado fue mejor’’ admirando el salpicadero de un Seat 600 o viendo los reportajes de la revista Semana de 1980 cuando por sus páginas desfilaban actrices, actores, princesas, millonarios y otras gentes del bien vivir mientras esta misma semana nos castiga con los 30 años de Borja Thyssen y el nuevo amor del tenista Feliciano.
Pero, superada la nostalgia, nos damos cuenta de que lo único seguro de cualquier tiempo pasado es que fue... anterior, de que si nos obligan a ir en un coche sin cierre centralizado, elevalunas eléctrico, aire acondicionados, cuatro airbags, servofreno y ordenador de a bordo decimos que es una castaña, que si nos sentamos en los asientos de skay del añorado Seiscientos no soportamos la camisa pegada por el sudor...