MANZANEDA DE OMAÑA: 4.1. CIMIENTOS Y PAREDES...

4.1. CIMIENTOS Y PAREDES

Superada la práctica del matrimonio de visita, y gozando de la independencia suficiente como para construir una nueva vivienda por parte de los que recientemente habían contraído matrimonio, el inicio del levantamiento de la casa comenzaba por el favor estipulado en las Ordenanzas desde el momento que se adquiere el derecho de vecindad, siendo frecuente que contuviesen un apartado, como ocurre con las de Manzaneda (año 1752), titulado “Poner la madera en obra”. Textualmente, dice así: “A quien se le de madera para alguna obra y la deje perderse, por no ponerla en la obra o no cubrirla para impedir que se moje, no se le podrá dar mas madera para esta obra, y los vecinos no estarán obligados a ello. Es esto conveniente y costumbre antigua” 2. Parafraseando, se ayudaba al acarreo de la madera y de la cantería o mampuesto. Luego, familiares y amigos colaboraban con los gallegos 3, con los barreiros 4, con los techadores contratados, y con las gentes del país empleadas en la construcción, tal como sucedía con los canteros de Trascastro, Valdesamario, Salce, Carrizal, Adrados..., que recibían por sinonimia de oficio, idéntico nombre genérico.

Hecha la zanja para alojar lo que serían los cimientos, o establecido el apoyo necesario en un “lecho de cantera” sobre la “roca madre” aflorada en superficie (fots. 50, 51 y 52), se hacía un mampuesto susceptible de alcanzar 70 cm a un metro de anchura, levantándose dos lienzos que se rellenaban hasta la cimera de la pared, con rejos, arcilla y, en el mejor de los casos, con arena y cal que procedía de los caleros babianos (Piedrafita de Babia, San Emiliano, etc.), lacianiegos (Puente de las Palomas) o del Monte de los Frailes, en La Urz.

A medida que la construcción tomaba altura, se hacían unos bichinales o michinales para introducir en ellos las vigas que sostendrían los andamios. Cada cierto tramo se colocaba una piedra pasante para sujetar ese paramento ordinario que se trababa con un tendel de arcilla, y en el que algunas veces se empleaban reaprovechamientos de otros materiales.

La parte más complicada en esta fase de la obra, era la solución de los esquinales. En origen, y a falta de conocimientos técnicos, se resolvieron sin crear encuentros, es decir, redondeados. Posteriormente, la disposición a “llave” con grandes bloques de pizarra y cuarzo (fot. 53) sin labrar, ligeramente labrada (fot. 54) o de sillar –esta última utilizada en casas blasonadas, de las cuales fue tomado para las populares–, sería la fórmula habitual aplicada en la unión de los lienzos de pared. En la base de los esquinales, una gran piedra les protegía de ser dañados por las ruedas de los carros.