La alta montaña cantabrica domina el paisaje, crestas aguzadas de cuarcita se fragmentan por el efecto del hielo hasta conformar pedreros y canchales que visten las laderas mas pendientes. Un entorno duro e inhospido en el que solo algunas especies muy bien adaptadas son capaces de sobrevivir. El rebeco es, sin duda, el señor de estas cumbres. Pronto las cimas se desploman sobre camperas, otrora sesteadero de merinas, que verdean durante todo el verano. Algunas lagunas y turberas salpican estas hondonadas frescas, relatando el pasado de estas sierras, un arco montañoso definido por el Alto de la Cañada, el Tambaron y la sierra del Suspiron que, con altitud proximas a los 2.000 metros, cierran el valle en su extremo septemtrional.
El activo glaciarismo de los ultimos periodos geologicos ha dejado-y sigue dejando aunque con mucha menos intensidad-numerosas evidencias en toda la comarca. Vestigios de un pasado helado, que tiene en el Campo de Santiago, en el Valle Gordo, en el de Fasgaron o en el Valle de Vivero, al pie del Nevadin, algunos de sus mejores representantes. Labrados por inmensas lenguas glaciales, algunas de varios kilometros de longitud, estos valles en artesa se caracterizan por su perfil en "U", con fondo amplio y plano. Tambien las rocas, con estrias y marcas abundantes, relatan el lento pero agresivo paso del hielo haca mas de 12.000. años.
El activo glaciarismo de los ultimos periodos geologicos ha dejado-y sigue dejando aunque con mucha menos intensidad-numerosas evidencias en toda la comarca. Vestigios de un pasado helado, que tiene en el Campo de Santiago, en el Valle Gordo, en el de Fasgaron o en el Valle de Vivero, al pie del Nevadin, algunos de sus mejores representantes. Labrados por inmensas lenguas glaciales, algunas de varios kilometros de longitud, estos valles en artesa se caracterizan por su perfil en "U", con fondo amplio y plano. Tambien las rocas, con estrias y marcas abundantes, relatan el lento pero agresivo paso del hielo haca mas de 12.000. años.