Portada > Vivir GENTES DE LEÓN / Manolete de Villabandín / Sipleiro de Omaña
El silbo de la... Omaña
Este músico popular recuerda y practica el lenguaje musical de los pastores de Omaña, el siplo
Manolete de Villabandín.
F. Fernández / Santa María
Las tardes de los pastores en los montes dejaban tiempo para todo. Las vacas y ovejas comen bien en primavera y no dan mucha guerra. Esa paz la aprovechan los chavales de cada lugar para fabricarse sus instrumentos para entretener el tiempo y de un palo sale un caballo, de una lata de sardinas un camión... y de una rama de palera muchas veces nacía un siplo.
El siplo era mucho más que un juego, era un instrumento musical y una lengua para entenderte con otros pastores. ‘‘Podía hacerlo de dos maneras, con el siplo o con la boca y los dedos’’, explica quien en la vida diaria en su trabajo, en Ponferrada, es Manuel Gutiérrez y cuando regresa a su pueblo, a los recuerdos de su infancia de pastor, a su Villabandín, se convierte en Manolete de Villabandín, el sipleiro de Omaña.
Hoy hará una demostración con el instrumento en el II Encuentro Omafolk de Valdesamario (a las siete de la tarde) junto a un grupo de pandereteras y pendereteros de Omaña y otros puntos de la provincia, como Cubillas de Arbas. ‘‘No es nada de otro mundo, no soy un virtuoso de la música, lo que quiero recordar es la riqueza de la cultura pastoril. No se puede decir que el siplo fuera un idioma, pero sí era un lenguaje con el que te entendías con otros pastores, con los vecinos y también con algunos animales’’.
Y recuerda Manolete, que ése es su nombre cuando es sipleiro, cómo jugaba con los chavales a imitar con el siplo o silbando a imitar los cantos de pájaros como el cuco hasta que lo hacían tan perfecto que estos le contestaban. ‘‘También era un código con el que te entendías con otros vecinos. Yo lo comparo al lenguaje de las campanas, que estás en el pueblo, las escuchas y sabes perfectamente a qué tocan, si a concejo, si a misa, si a fuego, si a espalar la nieve... en ese sentido, el siplo es otra forma de lenguaje que es cierto que ha desaparecido en gran parte como ha desaparecido la cultura pastoril’’, señala este sipleiro que ha recuperado sus viejos instrumentos para ‘el concierto de hoy’.
El siplo se hacía fundamentalmente con ‘‘una rama de palera, que hay muchas en primavera en las orillas de los ríos y también en las sebes de las huertas y los prados. Se golpea con cuidado la corteza de la palera para que se separe de la madera y después ya lo trabajas a tu gusto, a veces le haces un agujero para que cambie el tono, cada cual experimenta con el tamaño. Los críos entreteníamos tardes y tardes haciendo los siplos y siplando después’’.
En otros lugares han hecho de cosas así un mundo, como el silbo de La Gomera, en Omaña es un recuerdo para la nostalgia.
El silbo de la... Omaña
Este músico popular recuerda y practica el lenguaje musical de los pastores de Omaña, el siplo
Manolete de Villabandín.
F. Fernández / Santa María
Las tardes de los pastores en los montes dejaban tiempo para todo. Las vacas y ovejas comen bien en primavera y no dan mucha guerra. Esa paz la aprovechan los chavales de cada lugar para fabricarse sus instrumentos para entretener el tiempo y de un palo sale un caballo, de una lata de sardinas un camión... y de una rama de palera muchas veces nacía un siplo.
El siplo era mucho más que un juego, era un instrumento musical y una lengua para entenderte con otros pastores. ‘‘Podía hacerlo de dos maneras, con el siplo o con la boca y los dedos’’, explica quien en la vida diaria en su trabajo, en Ponferrada, es Manuel Gutiérrez y cuando regresa a su pueblo, a los recuerdos de su infancia de pastor, a su Villabandín, se convierte en Manolete de Villabandín, el sipleiro de Omaña.
Hoy hará una demostración con el instrumento en el II Encuentro Omafolk de Valdesamario (a las siete de la tarde) junto a un grupo de pandereteras y pendereteros de Omaña y otros puntos de la provincia, como Cubillas de Arbas. ‘‘No es nada de otro mundo, no soy un virtuoso de la música, lo que quiero recordar es la riqueza de la cultura pastoril. No se puede decir que el siplo fuera un idioma, pero sí era un lenguaje con el que te entendías con otros pastores, con los vecinos y también con algunos animales’’.
Y recuerda Manolete, que ése es su nombre cuando es sipleiro, cómo jugaba con los chavales a imitar con el siplo o silbando a imitar los cantos de pájaros como el cuco hasta que lo hacían tan perfecto que estos le contestaban. ‘‘También era un código con el que te entendías con otros vecinos. Yo lo comparo al lenguaje de las campanas, que estás en el pueblo, las escuchas y sabes perfectamente a qué tocan, si a concejo, si a misa, si a fuego, si a espalar la nieve... en ese sentido, el siplo es otra forma de lenguaje que es cierto que ha desaparecido en gran parte como ha desaparecido la cultura pastoril’’, señala este sipleiro que ha recuperado sus viejos instrumentos para ‘el concierto de hoy’.
El siplo se hacía fundamentalmente con ‘‘una rama de palera, que hay muchas en primavera en las orillas de los ríos y también en las sebes de las huertas y los prados. Se golpea con cuidado la corteza de la palera para que se separe de la madera y después ya lo trabajas a tu gusto, a veces le haces un agujero para que cambie el tono, cada cual experimenta con el tamaño. Los críos entreteníamos tardes y tardes haciendo los siplos y siplando después’’.
En otros lugares han hecho de cosas así un mundo, como el silbo de La Gomera, en Omaña es un recuerdo para la nostalgia.