La Omaña Alta, al comienzo del verano, en que aún conserva casi todo el color verde en el pasto, es un lugar muy relajante para la vista. Sus montañas, suaves y onduladas, ofrecen una alternativa sin tensiones al caminante que viene de recorrer otras montañas más abruptas y de pasajes más complejos. Y no digamos ya si lo que se busca es la tranquilidad absoluta.