No sé cantar a la guerra,
ni sé cantar a los odios,
sólo canto a nuestra tierra
porque en paz nos une a todos.
Canto a los campos y flores,
a los regatos y ríos
y a todos cuantos amores
perviven desconocidos.
Canto al sol de medianoche,
cuando a la luna enamora
y en su regazo la esconde
del rojo albor de la aurora.
Le canto a la catedral,
con el alma y corazón,
por ser perla colosal
del monumental León.
Y canto a san Isidoro
y al plateresco san Marcos,
por ser sagrados tesoros
de nuestros antepasados.
Les canto como se canta
cuando el alma está embebida,
o cuando a oscuras el alma
se queda medio dormida.
Canto a Murias de Paredes
por ser mi patria querida,
y a todas cuantas mujeres
tienen en su alma una lira.
Y canto a las montañesas
desde Laciana a Valdeón,
porque brillan como estrellas
en las crestas de LEON.
Quisiera cantarte, Omaña,
como cantan los canarios
y las golondrinas cantan
en tus altos campanarios.
Mas sólo en mis versos
canto porque mi voz se quebranta,
a veces me ahoga el llanto
y a veces me oprime el alma.
Siento un nudo en la garganta
cuando canta el corazón,
y mientras el alma canta
ronca enmudece mi voz.
Por ello quiero cantarte
con la lira de mi ensueño
y en mi corazón hallarte
¡cuándo canto y cuándo duermo!
No vengas a despertarme,
loca voz de mis recuerdos,
déjame de ti alejarme
¡entre la paz de estos puertos!
José Fernández Jolis, "Ecos de mi montaña", Imprenta Casado, 1970.
ni sé cantar a los odios,
sólo canto a nuestra tierra
porque en paz nos une a todos.
Canto a los campos y flores,
a los regatos y ríos
y a todos cuantos amores
perviven desconocidos.
Canto al sol de medianoche,
cuando a la luna enamora
y en su regazo la esconde
del rojo albor de la aurora.
Le canto a la catedral,
con el alma y corazón,
por ser perla colosal
del monumental León.
Y canto a san Isidoro
y al plateresco san Marcos,
por ser sagrados tesoros
de nuestros antepasados.
Les canto como se canta
cuando el alma está embebida,
o cuando a oscuras el alma
se queda medio dormida.
Canto a Murias de Paredes
por ser mi patria querida,
y a todas cuantas mujeres
tienen en su alma una lira.
Y canto a las montañesas
desde Laciana a Valdeón,
porque brillan como estrellas
en las crestas de LEON.
Quisiera cantarte, Omaña,
como cantan los canarios
y las golondrinas cantan
en tus altos campanarios.
Mas sólo en mis versos
canto porque mi voz se quebranta,
a veces me ahoga el llanto
y a veces me oprime el alma.
Siento un nudo en la garganta
cuando canta el corazón,
y mientras el alma canta
ronca enmudece mi voz.
Por ello quiero cantarte
con la lira de mi ensueño
y en mi corazón hallarte
¡cuándo canto y cuándo duermo!
No vengas a despertarme,
loca voz de mis recuerdos,
déjame de ti alejarme
¡entre la paz de estos puertos!
José Fernández Jolis, "Ecos de mi montaña", Imprenta Casado, 1970.