Uno de esos hombres, que nació en los albores del siglo XX, fue Secundino Muñiz Beltrán, quien vio la luz en La Velilla de Riello en 1903, y cuya familia acaba de publicar, en forma de libro, las memorias que escribió, pacientemente, a lo largo de seis años. El resultado es Historias de Omaña, obra en la que, según informa la familia, «se describe las faenas del campo y, en general, cómo discurría la vida en la comarca de Omaña a principios y mediados del siglo XX».
De especial interés es el «vocabulario omañés» de la parte final, donde se recogen palabras del leonés de Omaña, como afucicar (caer de bruces), alonsín (grillo), cachabiello (palo para mover las hogazas en el horno), calea (calle estrecha), guarar (incubar), llandias (sin sustancia) o retrueyo (último hijo, el más pequeño).
Una vida en 200 páginas. Entre 1911 y 1013, Muñiz se preparó en la Preceptoría de Vegarienza para ingresar en los Agustinos de Santander, donde permaneció un tiempo. Después trabajó como camarero en Madrid antes de realizar el servicio militar en Pamplona. De regreso se dedicó a la labranza en la casa paterna, marchando a laborar a las minas del Bierzo. Casado con Patrocinio Álvarez, se trasladó a Villaseca, en cuyas minas trabajó hasta su jubilación en 1961. Empezó a escribir sus recuerdos a partir de los 90 años hasta cumplidos los 96, cuando falleció, el 8 de septiembre de 1999
De especial interés es el «vocabulario omañés» de la parte final, donde se recogen palabras del leonés de Omaña, como afucicar (caer de bruces), alonsín (grillo), cachabiello (palo para mover las hogazas en el horno), calea (calle estrecha), guarar (incubar), llandias (sin sustancia) o retrueyo (último hijo, el más pequeño).
Una vida en 200 páginas. Entre 1911 y 1013, Muñiz se preparó en la Preceptoría de Vegarienza para ingresar en los Agustinos de Santander, donde permaneció un tiempo. Después trabajó como camarero en Madrid antes de realizar el servicio militar en Pamplona. De regreso se dedicó a la labranza en la casa paterna, marchando a laborar a las minas del Bierzo. Casado con Patrocinio Álvarez, se trasladó a Villaseca, en cuyas minas trabajó hasta su jubilación en 1961. Empezó a escribir sus recuerdos a partir de los 90 años hasta cumplidos los 96, cuando falleció, el 8 de septiembre de 1999