Debido a su procedencia celeste, estas piedras del rayo son consideradas como fetiches o talismanes dotados de amplios poderes, cuya fuerza puede extenderse a la protección de la colectividad, no sólo frente a las tormentas, sino también para evitar o curar enfermedades humanas, para proporcionar suerte en determinados momentos de la vida y también como defensa de los animales domésticos.
Así lo expresaba el arqueólogo, historiador y etnógrafo leonés César Morán, en sus Notas folklóricas leonesas:
“La piedra de rayo o el hacha neolítica es remedio para infinidad de males. Frotando con ella se cura la ubre de las vacas; teniendo una en el bolsillo da la buena suerte y preserva de maleficios; no caen centellas en las casas; no rabian los perros. Los pastores llevan una en el zurrón y la conservan como un tesoro. Tratando un arqueólogo de conseguir una de esas hachas para su colección, le contestó el dueño:
Así lo expresaba el arqueólogo, historiador y etnógrafo leonés César Morán, en sus Notas folklóricas leonesas:
“La piedra de rayo o el hacha neolítica es remedio para infinidad de males. Frotando con ella se cura la ubre de las vacas; teniendo una en el bolsillo da la buena suerte y preserva de maleficios; no caen centellas en las casas; no rabian los perros. Los pastores llevan una en el zurrón y la conservan como un tesoro. Tratando un arqueólogo de conseguir una de esas hachas para su colección, le contestó el dueño:
– Aunque usted me diera una onza no se la daba.
– Pues ¿tanto la estima usted?
– Verá usted: esta piedra ya perteneció a mi abuelo; vio caer un rayo que mató una yegua; fue allá a los siete años y allí estaba la piedra. Cuando al morir el abuelo se hicieron las partijas, a un lado se puso una vaca tasada en una onza; a otro lado, la piedra. La vaca le tocó a mi tío; la piedra, a mi padre, y tan contento.
– Pues me figuro que más leche habrá dado la vaca que la piedra”
– Pues ¿tanto la estima usted?
– Verá usted: esta piedra ya perteneció a mi abuelo; vio caer un rayo que mató una yegua; fue allá a los siete años y allí estaba la piedra. Cuando al morir el abuelo se hicieron las partijas, a un lado se puso una vaca tasada en una onza; a otro lado, la piedra. La vaca le tocó a mi tío; la piedra, a mi padre, y tan contento.
– Pues me figuro que más leche habrá dado la vaca que la piedra”