USOS Y CREENCIAS DE LA PIEDRA DEL RAYO EN LEÓN
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Francisco Javier Rúa Aller y María Jesús García Armesto
Las tormentas (denominadas truenas o tuenas en muchos lugares de la provincia leonesa) despertaban un gran temor por sus efectos desastrosos sobre cultivos, casas, personas y animales. De ahí que como prevención o lucha frente a los rayos, la lluvia y el granizo, la mentalidad popular tejió un conjunto de creencias y supersticiones relacionadas, tanto con los provocadores de las nubes (genios maléficos conocidos como reñuberos) como con las defensas contra los elementos devastadores. Estas protecciones incluían los toques de campana y los conjuros a “tente nube”, así como los rezos a Santa Bárbara u otros santos protectores. No faltaba tampoco la costumbre de emplear dentro de las casas objetos benditos como las velas de Jueves Santo o colocar a la puerta de la vivienda instrumentos a los que se les atribuía un poder especial como las hachas o las palas de cocer el pan. Junto a ellos también se estimaba en gran medida el poder de las piedras para alejar a las nubes, y por ello en algunos hogares o dentro de las cuadras empleaban un amuleto de singular poder como era la piedra del rayo; bien lanzaban nueve o doce piedras hacia lo alto cuando sonaban los primeros truenos, piedras que habían sido recogidas en fechas especiales del año.
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Francisco Javier Rúa Aller y María Jesús García Armesto
Las tormentas (denominadas truenas o tuenas en muchos lugares de la provincia leonesa) despertaban un gran temor por sus efectos desastrosos sobre cultivos, casas, personas y animales. De ahí que como prevención o lucha frente a los rayos, la lluvia y el granizo, la mentalidad popular tejió un conjunto de creencias y supersticiones relacionadas, tanto con los provocadores de las nubes (genios maléficos conocidos como reñuberos) como con las defensas contra los elementos devastadores. Estas protecciones incluían los toques de campana y los conjuros a “tente nube”, así como los rezos a Santa Bárbara u otros santos protectores. No faltaba tampoco la costumbre de emplear dentro de las casas objetos benditos como las velas de Jueves Santo o colocar a la puerta de la vivienda instrumentos a los que se les atribuía un poder especial como las hachas o las palas de cocer el pan. Junto a ellos también se estimaba en gran medida el poder de las piedras para alejar a las nubes, y por ello en algunos hogares o dentro de las cuadras empleaban un amuleto de singular poder como era la piedra del rayo; bien lanzaban nueve o doce piedras hacia lo alto cuando sonaban los primeros truenos, piedras que habían sido recogidas en fechas especiales del año.