LA VEGA DE ROBLEDO: ¿Cómo era el castillo de Luna?...

¿Cómo era el castillo de Luna?
La Peña del Castillo ha sido siempre, como refugio de los habitantes del valle, una acrópolis defensiva, mil veces reconstruida. Seguramente fue castro romano durante algunos siglos. Y sabemos que adquirió nuevo valor histórico a partir de los siglos VIII - IX, como fortaleza del reino astur. Luego pasó a ser el castillo de los señores y de los condes de Luna.

Nos interesamos en este momento por saber cómo era el castillo; y para conseguirlo nos centramos en dos puntos:

1) Conocer lo que se ha escrito sobre el castillo, la historia de su aspecto como construcción.

2) Analizar los pocos restos que quedan para concluir cuál podría haber sido su estructura.

Y es que no sabemos a ciencia cierta cómo era el edificio, cómo se estructuraba físicamente el castillo (dónde estaban sus torres, cuántas eran, en qué parte se situaba la zona habitada). Se desconoce su planta, su altura... Se conservan muy escasos restos: cinco trozos de paredes; una zona central - tal vez la vivienda - con cimientos y restos de un sistema de calefacción subterránea (gloria); y una pequeña habitación de unos 2,80 ms. de largo, por 2 ms. de ancho, y 3 ms. de altura (Ésta se halla en un hueco de la roca y con revestimiento de calicanto, y, en sus paredes, quedaron marcados distintos niveles - ¿de agua? -, lo cual nos lleva a pensar en un aljibe o depósito de agua). A mediados del siglo XX aún quedaban dos torreones, en la entrada al castillo, uno a cada lado y situados junto a la roca, en la parte nordeste - a unos 60 ms. del comienzo de la carretera actual que cruza la peña y el muro de contención, hacia la carretera de Mallo.

- Hay, pues, muy pocos datos históricos sobre cómo era el castillo. Con ellos deberemos intentar una reconstrucción, lo más cabal posible.

- Los datos recogidos - citas del castillo como fortaleza de gran seguridad, lugar en que se guardaban los tesoros del Reino Astur-Leonés, prisión de grandes hombres, y regido por unos u otros personajes - se reducen a unos pocos testimonios:

1 - En la "CRÓNICA GENERAL" del Rey Sabio: Dícese a una dueña que diga a Bernardo:
"... et si vos lo non diere - la ganancia de un juego - desitle por saña que pues que a vos non lo da, que lo dea a so padre que yace preso en las cadenas et en las Torres de Luna..." Y, al dirigirse Bernardo a su tío, el Rey Casto, que tiene preso a su padre, se dice: "... Et dixol Bernardo: Sennor, non es así, mas ruégovos et pídovos por merced que me dedes mío padre que tenedes preso en las Torres de Luna."

2 - En un romance, de la "ROSA DE ROMANCES" de Timoneda, dice el rey Alfonso, al castigar a Sancho Díaz - conde de Saldaña - por tener un hijo - Bernardo del Carpio - con Jimena, la hermana del rey: "por do vos prometo y juro que en días de vuestra vida de aquesas Torres de Luna no salgáis tan sólo un día..."

3. En "LA PíCARA JUSTINA" (año 1605) dice la protagonista: "Nació mi padre en un pueblo que llaman Castillo de Luna, en el Condado de Luna." Se ve que aún el paso del tiempo y la ruina del castillo no habían pasado al poblado el apelativo de "Los Barrios de Luna."

4. Lope de Vega, en "MOCEDADES DE BERNARDO", pone en boca del héroe leonés: "En tu castillo de Luna hallé a mi padre encantado". Y describe el castillo con las siguientes palabras: "La oscuridad, la tristeza de un temor acompañada; el espanto, la extrañeza, muestran bien que está encantada esa antigua fortaleza...... Aquí parece que el día nunca jamás ha llegado..."

5. "Y estos restos - nos dice D. Florentino Díez en "Retablo de la Leyenda de Luna" - aún los conoció, asombrado, oprimido el pecho, Jovellanos" (s. XVIII).

6. D. José María Cuadrado, que aún conoció a finales del siglo XIX algo de la antigua gloria de la fortaleza, dice: "Cuyos imponentes restos descollaban encima de negruzca peña".

7. Y, finalmente, otra vez el citado y, en gran medida, seguido de cerca en todo este resumen, D. Florentino Díez - citando él a León Martín Granizo - describe los últimos restos del antiguo castillo.

ESTOS POCOS DATOS (fortaleza de maxima seguridad, lóbrega, formada por torres) NOS AYUDAN
A DESCRIBIR E INTERPRETAR LOS RESTOS QUE NOS QUEDAN DE LA FORTALEZA:

Así tenemos:

1 - Un muro sobre el Trabanco: Es el más grande de los conservados. Parece ser un resto de una torre defensiva frente al ataque desde ese barrio, por la zona del Pinar. Esta zona de subida, junto con la de la parte norte - entrada oficial al castillo - y la que mira a Ventorrillo, parecen ser las que necesitaban especial protección y vigilancia.

2 - Otro muro, mirando al actual Ventorrillo. Restos de una torre y de la subida al alto de la peña.

3 - Restos de pared de un torreón cuadrado al final de la peña. Constituiría el límite defensivo extremo del castillo, hacia el río.

4 - Otro trozo de muro en lo alto de la parte central, sobre una formación rocosa, la cual - a nivel del pasadizo que recorría el centro y alrededores de la peña (adarve) - alberga la curiosa habitación o depósito de agua, antes citado.

5 - Restos de una vivienda - ¿torre del homenaje? - en la zona habitada central. Se sitúa entre la foramción rocosa antes descrita y la roca que ya sube hacia el alto de la peña. Y está formada por restos de paredes laterales, y restos de calefacción en el subsuelo. De todos modos necesita una limpieza de la maleza que la cubre y un estudio arqueológico más serio...

6 - Una habitación o aljibe, bajo el picacho rocoso, antes descrito...

7 - Restos de las paredes que cerraban el conjunto útil del la fortaleza: Quedan poquísimos elementos, como mucho una hilera o dos de piedras... Y esto sería lo único que queda de lo que reconstruían, una y otra vez, los súbditos de los condes de Luna cuando cumplían su obligación de "castillar". Por la década de los años 50 aún se veían algunas de estas losetas, en algún trozo de las rondas y en el alto de la peña.

8 - Además, había dos cubos redondeados en la parte nordeste, fuera de la roca, frente a la habitación o algibe, antes citado, en la entrada del castillo, que estuvieron en pie hasta la construcción de la carretera que corona la peña y el muro del embalse, en la decada de 1950, y cuya planta aún se ve en la base de la pared que sostiene la carretera (base de la carretera y parte alta del Couto).

NOTA:

Aún nos faltan dos testimonios gráficos de los restos citados:

- El de las primeras hiladas de piedra de las paredes - de un metro de altura, más o menos - que cerraban todo el recinto utilizado. Pero de ellas no tengo nada reseñable. Se necesitarían algunas investigaciones in situ.

- Además faltan los restos - indiciarios, o poco más - de los cubos de la única entrada al castillo - visibles aún por los años cincuenta - y que se hallaban en la parte norte, fuera de la roca, más o menos, frente al aljibe o habitación del centro de la fortaleza. De esa entrada sólo hay unos restos de los cimientos de un muro, descubiertos por la erosión del agua del embalse. Esa breve actividad erosiva ha dejado al descubierto unas formaciones circulares de piedras, al desmoronarse la base o cimentación de la pared que sostiene la carretera actual de acceso a la peña. Veamos una foto, la n: 8. No está muy clara, pero - como en toda esta página - se ha de tener en cuenta que no llegamos a lo incontestable, sólo pretendemos suscitar problemas. Para llagar a la verdad histórica, de nivel científico e incontrovertible, hace falta una mayor implicación: excavaciones adecuadas, consultas de los archivos, etc., etc...

CONCLUSIONES:

De lo dicho se desprenden, con seguridad, unos datos básicos sobre la fortaleza:

1) Que el "castillo" estaba formado por torres, cuyo aspecto impresionaba. Tal vez estas torres fuesen herencia del castro romano.

2) Que jugó un papel importante en la historia del Reino Astur-leonés.

3) Que de aquella fortaleza quedan poquísimos restos.

A partir de esos pocos datos y de los restos encontrados se puede colegir ya, que la estructura del castillo pasó por varias vicisitudes: Sobre una fortaleza anterior, las legiones de Roma construirían una defensa para proteger el paso de la calzada que discurría por el fondo del valle. Su factura sería sólida, con gruesos muros y con torreones cuadrangulares en sus puntos de mayor riesgo. Esas torres se habrían reconstruido una y mil veces como defensa del Reino Astur-leonés; pero siguiendo siempre el sistema de torres defensivas de los romanos. Se puede pensar - sería preciso analizarlo de modo científico - que algunos de los restos levantados a calicanto - muy sólidos y durísimos - provengan aún de la fábrica romana, de los ingenieros de las legiones. Incluso cabría pensar que este análisis debería recaer, en primer lugar, sobre el "muro principal" (hacia el Trabanco) y sobre la "habitación" (algibe).