Muy cerca, en el camino hacia Portilla de Luna, existió el pueblo de San Pedro de Parada, desaparecido probablemente a finales del siglo XVII, o antes, aunque los Curas de Vega conservan el título de Abades de la abadía de S. Pedro de Parada hasta el siglo XIX (desde al menos 1686).
En un juicio entre los Curas de Portilla y Vega de 1738, que se prolonga hasta 1813, se hace referencia a los diezmos que los Curas de Vega cobraban por los prados y pan recogido en los términos de la Abadía, y se hace mención al momento, ya pasado, en que al ser abandonado el pueblo todavía se celebraba alguna vez allí la Misa, hasta que al derribarse la Iglesia, su patrono San Pedro fue llevado a la parroquia de Vega. Este juicio (cuyos documentos he podido comprobar) hace referencia a otro juicio y sentencia del año 1603. Más de doscientos años duró, pues, este litigio de diezmos entre los Curas de Vega y Portilla. Todavía hoy se conoce como término de Las Casas el lugar, en el centro del valle de Parada, donde se asentó el pueblo de San Pedro. Parece que incluso existió una ermita en lo alto del monte o pico San Pedro (de una considerable altitud). Según el P. Morán esta ermita fue en su origen un templo pagano cristianizado en los primeros tiempos de nuestra era. El título de abadía hace presumir que existió un monasterio en torno al cual se habría construido un pueblo quizá para los trabajos de la mina de oro.
He recogido alguna tradición oral según la cual este pueblo habría perecido por un envenenamiento masivo (quizá sea una reminiscencia de la leyenda de la vacaloria de Santas Martas (Piedrasecha) de la que hablaremos.
Junto a esa mina de Parada o Mataloro todavía han pervivido algunos restos, además de galerías de la mina, hoy hundidas, de un puente romano por donde pasaría la calzada ya citada de Astorga al Puerto de la Mesa en las montañas de Torrestío y Somiedo (se conserva al menos un centenar de metros de esta Calzada..
La Vega de los Caballeros, en la margen derecha del río Luna y pegada a la falda de la montaña que encuadra el citado vallo, se extiende a la margen izquierda del río citado, y se liga, a través de un puente sobre el río con las Ventas de los Caballeros, en la carretera de la Magdalena a Belmonte, centro comercial. [Teij46, 456].
De este pueblo de Vega de Caballeros hay que citar (ya lo hizo someramente el P. Morán) el cambio de nombre. Siempre pensé que el nombre de Vega de Perros que encontraba en algunos libros se refería a hechos relativamente recientes y que había sido poco el tiempo en que el pueblo había sufrido esta ignominia. En la tradición oral del pueblo, recogida en parte ya en 1925 por el P. César Morán sin citar fechas, se contaba que un día de fiesta a la hora de la misa, dos caballeros se habían disputado el asiento más honorífico de la Iglesia. De las palabras pasaron a los hechos y tiraron de pistola (según la tradición oral del pueblo; de espada, según el P. Morán). Uno de ellos murió en el acto y el otro a los ocho días. El Obispo acude a un acto de desagravio y comenta que más que Vega de Caballeros debiera llamarse "Vega de Perros". Y esta expresión un tanto extemporánea, sentó plaza y fue el origen de un largo litigio. En los libros parroquiales (conservados a partir de 1685) se habla de Vega de Perros. Pero este mismo nombre aparece ya en el siglo XIII, en documentos conservados. Y este nombre permaneció hasta 1925, de hecho, en que ya aparece de nuevo Vega de Caballeros, y de derecho, en 1928, por un decreto del Obispado de Oviedo del 9 de Noviembre por el que se cambia el nombre del pueblo por el de Vega de Caballeros, posiblemente por la influencia de cuatro hermanos naturales del pueblo, todos universitarios, que ejercían funciones o cargos importantes. Este decreto llegó al Cura del pueblo el 9 de Enero de 1930, según aclaración del mismo en el libro.
Garaño, pueblo señorial, y minero durante muchos años, parece que fue asentamiento de culturas antiguas y castros. Así lo describen poéticamente Florentino Díez y Luis Mateo Díez:
Apenas pasado este pueblo [La Magdalena] en la encrucijada tendremos, a la derecha, en un cabezo limpio y rocoso, el Castro de Garaño, del que dice la copla: “Balcón de valles queridos – bastión de vientos huraños”.. Quedan sobre la vallina del oeste los taludes defensivos y escalonados, perfectos. Sobre la del oriente serpea un arroyuelo que se lama del Alfolí, porque a su final existió un almacén mozárabe. Junto al castro, a su abrigo, y ya sobre la vega, el pueblecito de Garaño, adormido al eco de consejas que del castro brotan, evanescentes y alucinantes. [Díez94, 25].
La Magdalena ha sido, especialmente en la segunda mitad del siglo XX, el pueblo de las minas, centro de trabajo y riqueza durante siglos; centro comercial y de diversión, encrucijada de caminos, hacia Babia y Asturias, hacia Omaña y Villablino, hacia la Ribera del Órbigo, hacia León y hacia la Robla. En el siglo XVIII se contaban hasta ocho molinos harineros, número, por otra parte, no exagerado, pues en pueblos más pequeños todavía en el siglo XX había tres o cuatro molinos pequeños para el servicio de varios socios. En la época floreciente de la trashumancia tuvo hospedería y hospital. En la época de la romanización fue el camino por donde la Legio VII pasó hasta Asturias.
Canales, célebre en otro tiempo por su búsqueda del oro, recibe su nombre del lavado de tierras, y no hace muchos años famoso por los tres mil y pico millones del primer premio de la lotería. A mediados del siglo XIX tenía, como industria, fabricación de paños y lienzos ordinarios. También tenía y tiene minas de hulla. Así lo veía en 1925 el P. César Morán:
Atravesando el río de las buenas truchas penetramos en los dominios de Canales, pequeño pueblecito, patria de varones ilustres, donde aparecen casas con escudos de armas que declaran la hidalguía de sus señores y donde se ven huertas con árboles que asoman por encima de las tapias cargados de tentadoras frutas... Son honrados, laboriosos, sencillos, hospitalarios, buenos cristianos y pobres.[Mor87, 29].
Quintanilla y Bobia, aunque ya en la carretera que lleva al valle de Omaña, todavía pertenecen al valle del Luna. El Cuerno de Bobia es un montículo con tradición de castro hoy totalmente abandonado del que ya hemos hablado más arriba.
Hay que citar, finalmente, los pueblos de Cuevas, Viñayo o Valdevinaio (que fue capital del concejo), Piedrasecha, donde sitúan algunos la leyenda de la vacaloria envenenante y causante de la desaparición del pueblo:
En Santas Martas, perteneciente entonces al pueblo de Piedrasecha, había un pueblo ligado a la abadía. Un domingo se dio el "pan de la caridad" a todos los vecinos al terminar la misa (como todavía era costumbre en los pueblos de la zona hace pocos años); días más tarde, entre tremendos dolores, todos fueron muriendo. La mujer que había amasado el pan, había cogido el agua del arroyo y, por falta de luz, no vio que entre el agua de la olla iba una vacaloria; así esta quedó en medio de la masa y contaminó todo el pan. Sólo una viejecita enferma que no había ido a misa quedó con vida. Hoy el puerto pertenece al pueblo de Otero de las Dueñas. Hay otras fuentes de tradición que sitúan este envenenamiento masivo en otros lugares y la vacaloria habría caído en la piedra del molino contaminando la harina.
Otros pueblos de Luna de Abajo son Santiago de las Villas, desde donde salía, según la leyenda, un canal (la Presa de la griega) que a través del Cillerón conducía el agua hasta Villarroquel; muy próximo está Carrocera, al lado de la carretera que lleva a La Robla.
Cerca de la Magdalena está Otero de las Dueñas, en otro tiempo, sede de un magnífico Monasterio de monjas cistercienses de S. Bernardo, cuya abadesa, en algún momento, fue expulsada por el Conde de Luna. De 1827 todavía existen documentos de venta a favor del Monasterio por vecinos de Portilla. Una leyenda recordaba la existencia en este convento de los sepulcros de la madre de Bernardo del Carpio y de una Condesa de Luna que habría fundado el convento.
Benllera es otro hermoso pueblo del que fue natural según la leyenda el capitán Colinas que venció a Almanzor en Camposagrado, en los famosos pozos de Colinas (según algunos, serían respiraderos de la Presa de la Griega).
Siguiendo aún las márgenes del río, antes de formar el Órbigo, tenemos los pueblos de Selga, Tapia, Rioseco de la Ribera, Espinosa y Villarroquel, que forman ya el valle de Ordás, de rancia historia y míticas leyendas que también han sido impresas.
Muchos nombres de los pueblos del valle añaden el nombre del río: Rabanal de Luna, Sena, Caldas, S. Pedro (hoy sumergido), Los Barrios, Mora.. Otros reciben el nombre por su ubicación: La Vega, Robledo, Vega de Caballeros,... Algunos reciben el nombre del santo o patrono: S. Pedro, Santa Eulalia, Santiago de las Villas.. No había sin embargo una gran imaginación o inventiva al nombrar lugares de los pueblos: el Soto, la Llanilla, el Fondón, Matallano, Mataloro, Matacorral, las Llanas, Fuentecía, el Ballinón, Vallelafuente, los Riberos, la Collada, la Vegatiso, Montanero, El Casar... Otras veces se utilizan también aquí invocaciones a santos o espíritus: Pico de San Pedro, la Cruz, el Diablo.
En un juicio entre los Curas de Portilla y Vega de 1738, que se prolonga hasta 1813, se hace referencia a los diezmos que los Curas de Vega cobraban por los prados y pan recogido en los términos de la Abadía, y se hace mención al momento, ya pasado, en que al ser abandonado el pueblo todavía se celebraba alguna vez allí la Misa, hasta que al derribarse la Iglesia, su patrono San Pedro fue llevado a la parroquia de Vega. Este juicio (cuyos documentos he podido comprobar) hace referencia a otro juicio y sentencia del año 1603. Más de doscientos años duró, pues, este litigio de diezmos entre los Curas de Vega y Portilla. Todavía hoy se conoce como término de Las Casas el lugar, en el centro del valle de Parada, donde se asentó el pueblo de San Pedro. Parece que incluso existió una ermita en lo alto del monte o pico San Pedro (de una considerable altitud). Según el P. Morán esta ermita fue en su origen un templo pagano cristianizado en los primeros tiempos de nuestra era. El título de abadía hace presumir que existió un monasterio en torno al cual se habría construido un pueblo quizá para los trabajos de la mina de oro.
He recogido alguna tradición oral según la cual este pueblo habría perecido por un envenenamiento masivo (quizá sea una reminiscencia de la leyenda de la vacaloria de Santas Martas (Piedrasecha) de la que hablaremos.
Junto a esa mina de Parada o Mataloro todavía han pervivido algunos restos, además de galerías de la mina, hoy hundidas, de un puente romano por donde pasaría la calzada ya citada de Astorga al Puerto de la Mesa en las montañas de Torrestío y Somiedo (se conserva al menos un centenar de metros de esta Calzada..
La Vega de los Caballeros, en la margen derecha del río Luna y pegada a la falda de la montaña que encuadra el citado vallo, se extiende a la margen izquierda del río citado, y se liga, a través de un puente sobre el río con las Ventas de los Caballeros, en la carretera de la Magdalena a Belmonte, centro comercial. [Teij46, 456].
De este pueblo de Vega de Caballeros hay que citar (ya lo hizo someramente el P. Morán) el cambio de nombre. Siempre pensé que el nombre de Vega de Perros que encontraba en algunos libros se refería a hechos relativamente recientes y que había sido poco el tiempo en que el pueblo había sufrido esta ignominia. En la tradición oral del pueblo, recogida en parte ya en 1925 por el P. César Morán sin citar fechas, se contaba que un día de fiesta a la hora de la misa, dos caballeros se habían disputado el asiento más honorífico de la Iglesia. De las palabras pasaron a los hechos y tiraron de pistola (según la tradición oral del pueblo; de espada, según el P. Morán). Uno de ellos murió en el acto y el otro a los ocho días. El Obispo acude a un acto de desagravio y comenta que más que Vega de Caballeros debiera llamarse "Vega de Perros". Y esta expresión un tanto extemporánea, sentó plaza y fue el origen de un largo litigio. En los libros parroquiales (conservados a partir de 1685) se habla de Vega de Perros. Pero este mismo nombre aparece ya en el siglo XIII, en documentos conservados. Y este nombre permaneció hasta 1925, de hecho, en que ya aparece de nuevo Vega de Caballeros, y de derecho, en 1928, por un decreto del Obispado de Oviedo del 9 de Noviembre por el que se cambia el nombre del pueblo por el de Vega de Caballeros, posiblemente por la influencia de cuatro hermanos naturales del pueblo, todos universitarios, que ejercían funciones o cargos importantes. Este decreto llegó al Cura del pueblo el 9 de Enero de 1930, según aclaración del mismo en el libro.
Garaño, pueblo señorial, y minero durante muchos años, parece que fue asentamiento de culturas antiguas y castros. Así lo describen poéticamente Florentino Díez y Luis Mateo Díez:
Apenas pasado este pueblo [La Magdalena] en la encrucijada tendremos, a la derecha, en un cabezo limpio y rocoso, el Castro de Garaño, del que dice la copla: “Balcón de valles queridos – bastión de vientos huraños”.. Quedan sobre la vallina del oeste los taludes defensivos y escalonados, perfectos. Sobre la del oriente serpea un arroyuelo que se lama del Alfolí, porque a su final existió un almacén mozárabe. Junto al castro, a su abrigo, y ya sobre la vega, el pueblecito de Garaño, adormido al eco de consejas que del castro brotan, evanescentes y alucinantes. [Díez94, 25].
La Magdalena ha sido, especialmente en la segunda mitad del siglo XX, el pueblo de las minas, centro de trabajo y riqueza durante siglos; centro comercial y de diversión, encrucijada de caminos, hacia Babia y Asturias, hacia Omaña y Villablino, hacia la Ribera del Órbigo, hacia León y hacia la Robla. En el siglo XVIII se contaban hasta ocho molinos harineros, número, por otra parte, no exagerado, pues en pueblos más pequeños todavía en el siglo XX había tres o cuatro molinos pequeños para el servicio de varios socios. En la época floreciente de la trashumancia tuvo hospedería y hospital. En la época de la romanización fue el camino por donde la Legio VII pasó hasta Asturias.
Canales, célebre en otro tiempo por su búsqueda del oro, recibe su nombre del lavado de tierras, y no hace muchos años famoso por los tres mil y pico millones del primer premio de la lotería. A mediados del siglo XIX tenía, como industria, fabricación de paños y lienzos ordinarios. También tenía y tiene minas de hulla. Así lo veía en 1925 el P. César Morán:
Atravesando el río de las buenas truchas penetramos en los dominios de Canales, pequeño pueblecito, patria de varones ilustres, donde aparecen casas con escudos de armas que declaran la hidalguía de sus señores y donde se ven huertas con árboles que asoman por encima de las tapias cargados de tentadoras frutas... Son honrados, laboriosos, sencillos, hospitalarios, buenos cristianos y pobres.[Mor87, 29].
Quintanilla y Bobia, aunque ya en la carretera que lleva al valle de Omaña, todavía pertenecen al valle del Luna. El Cuerno de Bobia es un montículo con tradición de castro hoy totalmente abandonado del que ya hemos hablado más arriba.
Hay que citar, finalmente, los pueblos de Cuevas, Viñayo o Valdevinaio (que fue capital del concejo), Piedrasecha, donde sitúan algunos la leyenda de la vacaloria envenenante y causante de la desaparición del pueblo:
En Santas Martas, perteneciente entonces al pueblo de Piedrasecha, había un pueblo ligado a la abadía. Un domingo se dio el "pan de la caridad" a todos los vecinos al terminar la misa (como todavía era costumbre en los pueblos de la zona hace pocos años); días más tarde, entre tremendos dolores, todos fueron muriendo. La mujer que había amasado el pan, había cogido el agua del arroyo y, por falta de luz, no vio que entre el agua de la olla iba una vacaloria; así esta quedó en medio de la masa y contaminó todo el pan. Sólo una viejecita enferma que no había ido a misa quedó con vida. Hoy el puerto pertenece al pueblo de Otero de las Dueñas. Hay otras fuentes de tradición que sitúan este envenenamiento masivo en otros lugares y la vacaloria habría caído en la piedra del molino contaminando la harina.
Otros pueblos de Luna de Abajo son Santiago de las Villas, desde donde salía, según la leyenda, un canal (la Presa de la griega) que a través del Cillerón conducía el agua hasta Villarroquel; muy próximo está Carrocera, al lado de la carretera que lleva a La Robla.
Cerca de la Magdalena está Otero de las Dueñas, en otro tiempo, sede de un magnífico Monasterio de monjas cistercienses de S. Bernardo, cuya abadesa, en algún momento, fue expulsada por el Conde de Luna. De 1827 todavía existen documentos de venta a favor del Monasterio por vecinos de Portilla. Una leyenda recordaba la existencia en este convento de los sepulcros de la madre de Bernardo del Carpio y de una Condesa de Luna que habría fundado el convento.
Benllera es otro hermoso pueblo del que fue natural según la leyenda el capitán Colinas que venció a Almanzor en Camposagrado, en los famosos pozos de Colinas (según algunos, serían respiraderos de la Presa de la Griega).
Siguiendo aún las márgenes del río, antes de formar el Órbigo, tenemos los pueblos de Selga, Tapia, Rioseco de la Ribera, Espinosa y Villarroquel, que forman ya el valle de Ordás, de rancia historia y míticas leyendas que también han sido impresas.
Muchos nombres de los pueblos del valle añaden el nombre del río: Rabanal de Luna, Sena, Caldas, S. Pedro (hoy sumergido), Los Barrios, Mora.. Otros reciben el nombre por su ubicación: La Vega, Robledo, Vega de Caballeros,... Algunos reciben el nombre del santo o patrono: S. Pedro, Santa Eulalia, Santiago de las Villas.. No había sin embargo una gran imaginación o inventiva al nombrar lugares de los pueblos: el Soto, la Llanilla, el Fondón, Matallano, Mataloro, Matacorral, las Llanas, Fuentecía, el Ballinón, Vallelafuente, los Riberos, la Collada, la Vegatiso, Montanero, El Casar... Otras veces se utilizan también aquí invocaciones a santos o espíritus: Pico de San Pedro, la Cruz, el Diablo.