Que diferente había sido este viaje de la Capital al pueblo a aquel otro hecho unos años antes. Fue un viaje que demostraba que la historia se repite. Había llegado al Castillo en el coche de la tarde. El sol ya había bajado y estaba cerca de su ocaso. Mi sombra medía unos cuantos pasos, más o menos las siete de la tarde, hora solar. No busqué dentro de casa Sandalio cuando dejé la maleta, ni miré para la herradura dónde se solía atar el caballo. Ya sabía de antemano que no había nadie esperándome. ... (ver texto completo)
Hola Peña: me encanta leer tus relatos, y me asombra tu memoria.
Aunque a veces al leerlos me salga alguna lágrima, siempre que entro en el foro, miro para ver si has puesto alguna de tus vivencias, sigue haciéndolo.
Un saludo.
Aunque a veces al leerlos me salga alguna lágrima, siempre que entro en el foro, miro para ver si has puesto alguna de tus vivencias, sigue haciéndolo.
Un saludo.