Viernes diez. Cuando sean las once de la mañana la gente se prepara ya para el calvario grande y quizá a cuarenta y cinco minutos alguien llame al calvario y como no hay campanas (estamos de luto) alguien escuche una matraca que machaca y machaca, madera contra madera, en un sonido ronco, machacón y triste. El cura arrastrando la sotana por la iglesia se mueve con energía y pone en marcha a los monaguillos. ¿Dónde está el presidente, quién llevará el estandarte, quién la cruz, quién el Cristo? ¿Son ... (ver texto completo)