Si, eso. Yo además le cubriría (al valle de los caidos) de polvo blanco, inmaculado, cristalino, para que además de la intensa blancura, cuando con el amanecer brotaran los rayos del sol, todo, absolutamente todo, en miles de kilómetros a la redonda, fuera fulgor multicolor, que nos envuelva, que nos traspase el alma, que nos transcienda a los niveles supremos de justicia y libertad.