El desembarco en el enorme
colegio fue una empresa no desposeída de retos, descubrimientos, zozobras, miedos, pocas certezas y multitud de inseguridades. Mi escenario vital había sido la Lomba, lo que se dominaba de Omaña desde las diferentes Peñas de los
Valles y las
excursiones a Riello, Castro,
Pandorado y la Garandilla. Conocía los sonidos, las voces y los silbos; los balidos y los bramidos, las
señales de todos los vecinos; de quién eran los prados y de quién las tierras. Allí, en la ciudad,
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