Aquel final de curso del 62, del siglo pasado, había sido bueno. Es la primera vez que escribo lo del siglo pasado y ¡coño!, suena a muy lejano, a libro enpolvado de
Historia, historia de otros, pero uno, aunque quiera escabullirse también está dentro. La vuelta de los
Juegos Escolares Nacionales dieron mucho
juego a aquel niño-adolescente. Empezó a sacudirse aquellos complejos o maneras de verse en relación a los demás, provocadas, en parte por la risa fácil de los capitalinos, muy crueles, seguramente
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