Uno de los experimentos del pasado año fué el cultivo de tomates en el balcón de casa. Compré macetas tipo jardinera, tierra, y para asegurar el éxito, sembré semillas de tres variedades distintas, puse todo el empeño, riego, abono y mucho cariño. Pues nada, ni por esas, el resultado fué miserable, conseguí tres tomates del tamaño de una ciruela y algunos engendros minúsculos que no llegaron a tomar color, eso fué todo. Como venganza por la cosecha tan mezquina fueron a parar al cubo de la basura. ... (ver texto completo)