El ganado trashumante recibió distintos nombres, según las regiones de procedencia "cañariegos", "caminates", "pasantes", o "pasajeros".
La palabra "merina", aplicada a las ovejas o a la lana, fina y rizada, no aparece en Castilla hasta mediados del siglo XV. El nombre no parece generalizarse hasta el siglo XVII. La opinión más aceptable es que proviene del movimiento berebere de España, los Beni-Merines, surgido durante el período Almohade. Contribuye a ello el hecho de que la mayoría de la terminología pastoril de España es árabe, por ello se supone que muchas especialidades de la industria ganadera fueron introducidas en la península ibérica por los árabes, al menos en su inicio.
Más tarde posiblemente los genoveses habían jugado un papel fundamental en la llegada de las merinas a la Península Ibérica. Si bien aún constituye una incógnita a través de que vías se introdujo esta raza de ovejas en tierras peninsulares. Lo que si que está probado es que la creación de la Mesta fue anterior e independiente de la presencia de la merina en Castilla.
Las "ovejas churras" son la antigua especie indígena íbera, que daba la lana rojiza turdetana, conocida y muy apreciada por los romanos. El churro era de vasto y escaso vellón, sobrevivió en los rebaños estabulados y fue objeto de desdén por los trashumantes.
El contingente trashumante siempre fue una parte modesta de la cabaña lanar castellana, así tenemos que en el siglo XVIII se contaba con unos 19 millones de cabezas lanares, de las que tan solo eran trashumantes poco mas de 3 millones. El objetivo principal no era la explotación de la carne o la leche, sino la lana, que era la fibra textil mas empleada.
La palabra "merina", aplicada a las ovejas o a la lana, fina y rizada, no aparece en Castilla hasta mediados del siglo XV. El nombre no parece generalizarse hasta el siglo XVII. La opinión más aceptable es que proviene del movimiento berebere de España, los Beni-Merines, surgido durante el período Almohade. Contribuye a ello el hecho de que la mayoría de la terminología pastoril de España es árabe, por ello se supone que muchas especialidades de la industria ganadera fueron introducidas en la península ibérica por los árabes, al menos en su inicio.
Más tarde posiblemente los genoveses habían jugado un papel fundamental en la llegada de las merinas a la Península Ibérica. Si bien aún constituye una incógnita a través de que vías se introdujo esta raza de ovejas en tierras peninsulares. Lo que si que está probado es que la creación de la Mesta fue anterior e independiente de la presencia de la merina en Castilla.
Las "ovejas churras" son la antigua especie indígena íbera, que daba la lana rojiza turdetana, conocida y muy apreciada por los romanos. El churro era de vasto y escaso vellón, sobrevivió en los rebaños estabulados y fue objeto de desdén por los trashumantes.
El contingente trashumante siempre fue una parte modesta de la cabaña lanar castellana, así tenemos que en el siglo XVIII se contaba con unos 19 millones de cabezas lanares, de las que tan solo eran trashumantes poco mas de 3 millones. El objetivo principal no era la explotación de la carne o la leche, sino la lana, que era la fibra textil mas empleada.