Antes, los trenes paraban en Pola, y traían cartas y gente y cargaban quesos. Eran aquellos tiempos en los que se daba un paseo hasta la cantina de la estación y se tomaba un vinín, se comprobaba la hora del reloj al que le daba cuerda mi primo y lo arreglaba cuando se estropeaba, que era a menudo; se recibía la prensa que vendía Miro y se veía arrancar los trenes hacia León o hacia Busdongo, con dos destinos distintos que nos traían pasajeros bien diferentes, sobre todo en el verano.
Ahora la estación ... (ver texto completo)
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