He aquí una poesía dedicada a los
edificios de la imagen:
Bajo el sol de
Villusto, en el septiembre del veintiséis,
Dos almas de
piedra y acero dialogan en silencio.
Una, la
torre de siglos, de
roca labrada y testaruda,
Testigo de oraciones y tiempo, una
historia desnuda.
Su piedra ancestral, curtida por el sol y la
tormenta,
Guarda el murmullo de generaciones, una cuenta lenta.
Sus contrafuertes, como brazos abiertos al
cielo,
Elevan la mirada y el alma, en eterno anhelo.
A su lado, en contraste crudo, la nave moderna se alza,
De muros de hormigón gris, una forma simple y sin pausa.
Su perfil liso y funcional, sin
adornos ni florituras,
Habla de la eficiencia y el diseño de tiempos futuros.
Es "Lo nuevo y lo antiguo", el título que los abraza,
Un oxímoron de piedra y cemento, una extraña
plaza.
Donde el pasado y el presente se encuentran y se miran,
Con una tensión silenciosa, donde los tiempos respiran.
El sol resplandece sobre ambos, sin distinción ni favor,
Iluminando la textura rugosa y el liso interior.
La tierra seca entre ellos, un
camino de polvo y piedra,
Une sus destinos en este
paisaje, como una hebra.
Tal vez el antiguo susurra leyendas de
santos y reyes,
Mientras el nuevo responde con promesas de leyes.
Pero juntos, en este
rincón de Villusto, conforman un todo,
Una lección de historia viva, de un modo sencillo y noble.