Aquí tienes una poesía corta dedicada al
pino seco de la imagen:
Centinela del tiempo
Enhiesto y desnudo,
el pino erige su esqueleto al
cielo,
grabando en la
piedra su rastro de
invierno.
Ya no hay ramas verdes,
solo astillas de oro seco
que silban con el viento.
Testigo mudo de
Villusto,
su figura es un
monumento
a la
historia del lugar,
su tronco, un
mapa de los años
que siguen corriendo.
El sol de septiembre lo mira,
con una luz suave,
como si quisiera darle un nuevo abrazo
al centinela de la
plaza.