Nadie volvió del cielo, ni ha contado
en qué consiste la mayor ventura,
ni ha descrito jamás tal aventura
el ojo que la dicha ha contemplado.

No se atrevió el sentido amedrentado
a proferir en cantos de dulzura,
ni habló de la tristeza y la amargura
de vivir de ese cielo desterrado.
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Yo te invento, mi amor, de noche y día,
con esperanzas dulces y con dudas,
con rosas, con espinas tan agudas,
que clavan su tristeza en mi alegría.

Yo te invento de llama y lluvia fría,
de silenciosos gritos y de mudas
palabras, de verdades frías, rudas,
y de cálida y fértil fantasía.
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Me rindo, ya no puedo más conmigo.
Cansada estoy de este vivir ausente,
de mirarte pasar entre la gente
y a tu lado marchar, mas no contigo.

El pan se hace enemigo de mi trigo,
batallan el que piensa y el que siente
en mi interior, y todo se resiente
como si en mí viviera mi enemigo.
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Quién pudiera dejar en esa boca
una caricia que desde el olvido
saltara sobre el tiempo defendido
y viniera febril, cálida y loca

a quebrantar tu voluntad de roca,
espuma desatada y cierzo herido,
con el entendimiento convencido
de que constancia vence lo que toca.
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El beso ha renunciado a la presencia
y la caricia viaja a la distancia
y el labio guarda la inquietud y el ansia
y la ternura se arma de paciencia.

La mirada se ve con resistencia
en la sola y aguda resonancia
con que mide la anchura de la estancia
que cobija los ecos de la ausencia.
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Te escucho y siento el eco de tu aliento
hacerse ovillo en la luz de mi oído
y nunca oí a los hilos del sonido
formar madeja de más dulce intento.

Me has dado con palabras lo que siento
en un acento tan estremecido
que al pronunciarlas se me queja herido
el corazón con pertinaz lamento.
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¡Quién pudiera en el sol quedarse ciego
y en pura luz sedienta arder consigo!
¡Quién en llama feroz, en enemigo
astro encontrar el más amable fuego!

¡Quién de tus manos se entregara al juego
y estuviera resuelto a arder contigo
sin importarle prevención de amigo,
amenaza, razón, consejo o ruego!
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Si el labio, dulce párpado del beso,
pudo callar y ser tan elocuente
y la mirada pura tan paciente
para cortar el aire más espeso.

Si pudo estar en el silencio, preso,
el corazón de la pasión urgente
y sumergirse entero entre la gente
sin que nadie supiera de su peso.

Fue porque dentro de su cuerpo ardía
incontenible el fuego de la hoguera
de la más encendida primavera.

Y el corazón, sin pausa, esperó el día
más oportuno para dar la hermosa
ofrenda de su cuerpo vuelto rosa.

Carmen González Huguet ... (ver texto completo)
Voy a besarte, amor, voy a entregarte
entre mis labios toda la ternura.
Voy a dejar sobre tu boca pura
un beso que sea el sol para alumbrarte.

En la noche mi voz irá a encontrarte,
buscándote sin pausa en la negrura
y en un recodo la febril dulzura
de su palabra se pondrá a esperarte.
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Voy a encontrarte, amor, por donde vengas:
si por la calle triste o el sendero,
por el vergel de mayo o por enero,
donde tu alado tránsito detengas.

Voy a buscar tu amor donde intervengas
para poner dulzura en el venero
de la amargura en la que, prisionero,
el corazón espera que al fin vengas.
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Feliz noche Acuario
Un besooooooooooooooooooooooooo
Labio de joven plenitud soñada
¿Adónde abrevas tu pasión ardida?
¿En qué brazo de río calma, hundida,
tu boca su sedienta marejada?

¿En qué estero con luna reflejada
busca la noche su quietud perdida?
¿En qué pupila bebe de la vida
con avidez de tierra calcinada?
... (ver texto completo)
Ábrete paso hasta el brocal del canto,
al manantial de la inquietud primera,
al páramo sin grata primavera,
a la sima insondable del quebranto.

Sumérgete en los pozos del espanto
y cruza con valor la llama fiera
donde inició su viaje la primera
bala de vuelo hecho de sangre y llanto.
... (ver texto completo)
No hay árbol que el viento no haya sacudido.
Proverbio hindú
El que teme sufrir ya sufre el temor.
Proverbio chino
Al perro que tiene dinero se le llama señor perro.
Proverbio árabe
No hay árbol que el viento no haya sacudido.
Proverbio hindú