Era el juego estrella de todos los días en Ciruelos del Pinar y perfecto para jugarlo en la plaza. Una plaza que parece que la hicieran para eso, para jugar al balón prisionero, y para el resto de los juegos.
Y era mi plaza. No era mi pueblo, pero era mi plaza. No nací en ese pueblo pero me hicieron sentirme pueblo junto a ellos.
Ciruelos me dio lo que al mío no le dejaron nunca darme. Me dio casa céntrica gratis, agua gratis, luz gratis (por ser hija de un resinero y gran trabajador), amigos que me admitieron en el juego de todos y me enseñaron las reglas básicas de la vida o los valores, jugando. Y esos valores prendieron en mi. La justicia y la verdad, sobre todo.
El juego consistía en un campo con dos equipos y cada uno de ellos tenía un portero. Se jugaba con un balón y consistía, o bien en coger el balón con la mano, si lo veías claro; o que el balón no te tocase tratando de esquivarlo. Si te daba o te rozaba ya te habían matado y te quedabas esperando a que el juego terminase. A veces incluso te podrían de nuevo salvar y podías jugar otra vez.
La plaza estaba bien pavimentada y no tenía nada mas que farolas, bancos de piedra bordeando su cuadrado y baldosas. Y cabíamos todos y todas en ella. Desde los mayores a los más pequeños, siempre que te atuvieras a las consecuencias. Te podían dar un "balonazo" de impresión pero debías correr riesgos si lo que querías era jugar.
Un día me dieron un "balonazo" tremendo y me tiraron al suelo. el juego se interrumpió y me llevaron a la fuente a lavarme, y allí me dejaron cuando comprobaron que podía todavía caminar; porque el juego continuaba.
Iba a casa cuando de repente me acordé que me había dejado una muñeca en el jardín donde había estado jugando antes de empezar el partido. Y apenas podía andar pero me fui a buscarla. ¡qué alivio, pensé, mi muñeca, a salvo! ¡Pobrecilla! si no me acuerdo se habría pasado la noche entera pensando que la habría abandonado y a saber qué le habría pasado. Y me la llevé a casa abrazándola contra mi, y ya sabía la bronca que me esperaba, "Eso te pasa por jugar con los "chicazos", así que no te quejes" Pero me dolía y me quejaba ya de lo lindo porque estaba por fin en casa "Me duele mucho ", y empecé a llorar mas porque en casa no me iba a aguantar lo que en la calle si debía aguantarme.
Y era mi plaza. No era mi pueblo, pero era mi plaza. No nací en ese pueblo pero me hicieron sentirme pueblo junto a ellos.
Ciruelos me dio lo que al mío no le dejaron nunca darme. Me dio casa céntrica gratis, agua gratis, luz gratis (por ser hija de un resinero y gran trabajador), amigos que me admitieron en el juego de todos y me enseñaron las reglas básicas de la vida o los valores, jugando. Y esos valores prendieron en mi. La justicia y la verdad, sobre todo.
El juego consistía en un campo con dos equipos y cada uno de ellos tenía un portero. Se jugaba con un balón y consistía, o bien en coger el balón con la mano, si lo veías claro; o que el balón no te tocase tratando de esquivarlo. Si te daba o te rozaba ya te habían matado y te quedabas esperando a que el juego terminase. A veces incluso te podrían de nuevo salvar y podías jugar otra vez.
La plaza estaba bien pavimentada y no tenía nada mas que farolas, bancos de piedra bordeando su cuadrado y baldosas. Y cabíamos todos y todas en ella. Desde los mayores a los más pequeños, siempre que te atuvieras a las consecuencias. Te podían dar un "balonazo" de impresión pero debías correr riesgos si lo que querías era jugar.
Un día me dieron un "balonazo" tremendo y me tiraron al suelo. el juego se interrumpió y me llevaron a la fuente a lavarme, y allí me dejaron cuando comprobaron que podía todavía caminar; porque el juego continuaba.
Iba a casa cuando de repente me acordé que me había dejado una muñeca en el jardín donde había estado jugando antes de empezar el partido. Y apenas podía andar pero me fui a buscarla. ¡qué alivio, pensé, mi muñeca, a salvo! ¡Pobrecilla! si no me acuerdo se habría pasado la noche entera pensando que la habría abandonado y a saber qué le habría pasado. Y me la llevé a casa abrazándola contra mi, y ya sabía la bronca que me esperaba, "Eso te pasa por jugar con los "chicazos", así que no te quejes" Pero me dolía y me quejaba ya de lo lindo porque estaba por fin en casa "Me duele mucho ", y empecé a llorar mas porque en casa no me iba a aguantar lo que en la calle si debía aguantarme.