Detalle de la fachada del Monasterio, SAN PEDRO DE CARDEÑA

El Monasterio de San Pedro de Cardeña se encuentra a una docena de kilómetros de la ciudad de Burgos. Está localizado en un enclave de gran belleza. Escondido en un valle y rodeado de páramos, no muy lejos del río Arlanzón. El entorno y el exterior son de gran monumentalidad, belleza y tranquilidad.

San Pedro de Cardeña es conocido, entre otras razones, por su vinculación con el Cid Campeador. Vinculación, como veremos, más legendaria que real.

Actualmente está habitado por una pequeña comunidad de monjes de la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia. Es también conocida como como Orden Trapense. Como cistercienses, siguen la Regla de San Benito y, por tanto, son parte de la comunidad benedictina.

Declarado Bien de Interés Cultural en el año 1931.

Monasterio de San Pedro de Cardeña
HISTORIA

La ausencia de documentación hace difícil precisar el origen del monasterio de San Pedro de Cardeña. Según algunas fuentes, sus orígenes más remotos aunque un tanto legendarios, hay que buscarlos en una primera abadía de época visigoda. Historiadores benedictinos han considerado tradicionalmente este monasterio como el primero de la orden fundado en España.

Posiblemente sería fundado a finales del siglo IX. El primer documento en el que se hace referencia al monasterio es del año 902. Refleja la donación realizada al cenobio por el conde Gonzalo Téllez y su esposa Lambra.

En el año 934 se produce uno de los acontecimientos más trágicos y de mayor repercusión del monasterio. En pleno auge del califato de Córdoba, las tropas árabes de Abderramán III destruyen el Monasterio de San Pedro de Cardeña y dan muerte a sus 200 monjes. Los conocidos como Mártires de Cardeña fueron canonizados en 1603.

El monasterio fue enseguida repoblado y favorecido por los condes castellanos Fernán González y Garcí Fernández. Pronto renovó su poder y riqueza económica, llegando a convertirse en uno de los cenobios más poderosos e influyentes de toda Castilla. Ese auge económico se vio traducido en esplendor artístico y cultural.

Poco a poco fue perdiendo importancia. Desde el siglo XIII formó parte de la Congregación Benedictina de la provincia de Toledo. En 1502 se incorpora a la Congregación Observante de San Benito de Valladolid hasta 1835. Ese año, con la Desamortización de Mendizábal, se abandona la vida monástica hasta 1942.

Durante ese más de un siglo sin monjes, el monasterio de San Pedro de Cardeña tuvo distintos usos. Sirvió incluso como campo de concentración de prisioneros de la Guerra Civil.

Finalmente, en 1942 llegan los actuales monjes cistercienses de la estricta observancia procedentes del monasterio palentino de San Isidro de Dueñas.
EL MONASTERIO DE SAN PEDRO DE CARDEÑA

Hoy poco queda de la primitiva fábrica del monasterio de San Pedro de Cardeña. Los únicos restos artísticos que se conservan de la época condal son parte de la llamada Torre del Cid o Torre de doña Jimena. El monasterio ha sufrido numerosas intervenciones por lo que en él conviven diversos estilos.
FACHADA PRINCIPAL

Preside la fachada de acceso al Monasterio de San Pedro de Cardeña un gran paño vertical de estilo barroco en piedra coloreada. Es una de las últimas obras arquitectónicas realizadas en el monasterio. 1739 es la fecha inscrita en ella que bien puede ser la de finalización de la misma. Destaca con la austeridad decorativa del resto de la fachada.

Protagonista es la famosa estatua del Cid, montado a caballo con armadura y atuendo nada medieval lanzándose sobre musulmanes. La representación puede confundirse con una estampa típica de Santiagos Matamoros. Recuerda a una similar del Monasterio de San Pedro de Arlanza que, en esta ocasión, recrea a otro personaje castellano: el conde Fernán González.