Es el más conocido de los cante de
Cádiz. En él se sintetiza la elegancia y firmeza de su gracejo salado y luminoso. Es un cante alegre, vivaz y propicio para el
baile.
Es el cante ideal para exponer la alegría cristiana de la
noche de Belén, adaptando a su ritmo una letrilla de aroma castizo, en la que se canta el
feliz nacimiento del Niño Dios entre los mansos animales del pesebre, inmortalizados por la
tradición secular.