REDECILLA DEL CAMINO: de maravilla, con el yerno de mariangeles y un amigo,...

Domingo 17 de octubre de 2010
29º domingo de tiempo ordinario
Ignacio de Antioquía
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Ex 17,8-13: Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel
Salmo 120: El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
2Tim 3, 14-4, 2: El hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena
Lc 18, 1-8: Dios hará justicia a sus elegidos que claman

Jesús propuso esta parábola para invitar a sus discípulos a no desanimarse en su intento de implantar el reinado de Dios en el mundo. Para ello deberían ser constantes en la oración, como la viuda lo fue en pedir justicia hasta ser oída por aquél juez que hacía oídos sordos a su súplica. Su constancia, rayana en la pesadez, llevó al juez a hacer justicia a la viuda, liberándose de este modo de ser importunado por ella.

No andamos dejados de la mano de Dios. Por la oración sabemos que Dios está con nosotros. Y esto nos debe bastar para seguir insistiendo sin desfallecer. Lo importante es la constancia, la tenacidad y sobre todo lo que mueve todo, fe sincera.

Tal y como lo describe la primera Lectura, Moisés tuvo esa experiencia. Mientras oraba, con las manos elevadas en lo alto del monte, Josué ganaba en la batalla; cuando las bajaba, esto es, cuando dejaba de orar, los amalecitas, sus adversarios, vencían. Los compañeros de Moisés, conscientes de la eficacia de la oración, le ayudaron a no desfallecer, sosteniéndole los brazos para que no dejase de orar. Y así estuvo –con los brazos alzados, esto es, orando insistentemente-, hasta que Josué venció a los amalecitas. De modo ingenuo se resalta en este texto la importancia de permanecer en oración, de insistir ante Dios.

En la segunda lectura Pablo también recomienda a Timoteo ser constante, permaneciendo en lo aprendido en las Sagradas Escrituras, de donde se obtiene la verdadera sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación. El encuentro del cristiano con Dios debe realizarse a través de la Escritura, útil para enseñar, reprender, corregir y educar en la virtud. De este modo estaremos equipados para realizar toda obra buena. El cristiano debe proclamar esta palabra, insistiendo a tiempo y a destiempo, reprendiendo y reprochando a quien no la tenga en cuenta, exhortando a todos, con paciencia y con la finalidad de instruir en el verdadero camino que se nos muestra en ella.

donde andas carmen

aqui, aqui

garbiñe, si hay aluna que nop te gusta me lo dices y fuera

comienzan vete mirando

que tal la espigacion

de maravilla, con el yerno de mariangeles y un amigo, y cebollas
Respuestas ya existentes para el anterior mensaje:
o sea cebollas y patatas o mas