La
Ermita
Autor Desconocido
El viejo Haakon cuidaba cierta Ermita. En ella se veneraba un crucifijo de mucha devoción. Este crucifijo recibía el nombre, bien significativo, de "
Cristo de los Favores". Todos acudían allí para pedirle al
Santo Cristo. Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor. Lo impulsaba un sentimiento generoso. Se arrodilló ante la imagen y le dijo:
—"Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en La
Cruz." Y se quedó fijo con la mirada
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