Una vez pasados los rigores invernales y con la
primavera ya en ciernes, los
caminos del
valle también eran más amables en este tiempo con el caminante, con el trabajador o con el que, como nosotros, no tenía más ocupación que zanganear, buscar
nidos, correr a las perdices o subirse a los
árboles por el mero placer de ver las cosas desde un nivel superior.
Y como era el tiempo en que la mayoría de las aves comenzaban a hacer sus nidos o estaban ya en plena nidificación o, incluso, en la cría de
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