Me gustan los pinos
Veremos como viene este año la cosecha de manzanas.
Panorámica de los tejados del barrio de El Castillo tomada desde el moral de la iglesia.
Con la mirada puesta hacia lo Alto.
Recuerdo desde siempre, que desde Briviesca a Hermosilla en la carretera, me sorprendía ver el siguiente letrero: "Aguilar de Bureba, iglesia románica del siglo XII". Y me preguntaba, (menuda iglesia tendrá que ser para que esté anunciada en la carretera, habrá que ir a verla). No he ido. Pero he visto su foto y he leido que se está hundiendo un lateral de la misma a cuenta de las goteras y grietas. Pero sobre todo, sobre todo: a cuenta de la desidia del Arzobispado de Burgos y sus vecinos.

Por ... (ver texto completo)
Todo un recuerdo de las viñas que en su día se cultivaban en el pueblo para producir el vino que consumía cada familia durante todo el año. ¡Qué tiempos aquellos!
Anhelar el pasado, sobre todo la niñez, cuando los parajes que no servían para trigo se plantaban de viñas de casta, autóctonas, y se saboreaba su agridulce fruto, cuando venían los carros con sus racimos en los comportones para echar en el lagar. Sí. Cierto que es un bonito recuerdo. En verano. ¡Qué bien entraba el chacolí! Ahora la mayoría de los vinos son adormideras (13,5 y 14 grados); y todos saben igual.

Todavía queda alguna cepa de aquellas uvas en los lindes, de lo que hace 50 años fueron ... (ver texto completo)
Encina cubriendo con su ramaje la torre de la iglesia.
Con la mirada puesta hacia lo Alto.
Carretera hacia Cornudilla.
Chopera a la izquierda.
Si la subida a la iglesia, se frecuentara como la ida al bar, seguro que toda la escalinata estaría más cuidada. El mejor edificio turístico del pueblo está infravalorado y al albur de las gramíneas y ailantos. Todo ello nos constata la incultura y la poca sensibilidad de Hermosilla y sus gentes. ¡Tanto cuesta echar una mañana para desbrozar!
Escalinata de tierra hacia la puerta de acceso a la iglesia.

Hierbas silvestres que lo invaden todo. ¡Qué falta de cuidado tiene esta pequeña montaña!
¡Que pocos mojones quedan en las tierras parcelas!

Agricultores incívicos se han encargado de hacerlos desaparecer de las fincas por medio de sus poderosos tractores.
El caserío de pueblo parece una isla en medio del verdor que lo rodea.
Vida de color en medio de las hierbas silvestres.
Todo un recuerdo de las viñas que en su día se cultivaban en el pueblo para producir el vino que consumía cada familia durante todo el año. ¡Qué tiempos aquellos!
Cada vez que subimos por los escalones de tierra y reborde de piedra, no encontramos de frente con esta pulida fachada de la iglesia parroquial.