Horno, fragua y fuente.

Hoy sólo queda la fuente; el resto, se fue con la plaza.
Primavera esplendorosa; cosecha abundante.
Final del caserío del pueblo.
Por estas callejuelas, todas ellas llenas de barro, correteé en mi infancia.
Cada día iba y venia por aquí.
Maceta plagada de flores adornando la calle.
Las flores son bellas.
Sí. Pero, aún más bellos,
son esos sentimientos
que en delicadas y dulces manos
hicieron crecer las zinias.
Barrio Del Valle; siempre tan solitario.
Cualquier campo es bueno para nacer, crecer e invadir la tierra.
Avena campea entre girasoles.
Su fruto, la guinda, es mucho más ácida que la cereza pero tiene una ventaja: los tordos no la atacan tanto y siempre te queda el consuelo de comer alguna cuando ya no queda una sola cereza.
Cartel de control de la circulación para moderar la velocidad de los vehículos que no siempre respetan los límites.
Mezcla de casas típicas de pueblo con edificaciones modernas: todo un contrate.
Maceta plagada de flores adornando la calle.
Almendros en la era alta. Guardianes siempre vigilantes.
Siempre estuvo presente en todos los campos de cereales junto a la mies; muchas veces, creció mucho más fuerte que las espigas de trigo.
Sólo los más agresivos herbicidas son capaces de acabar con ella.
El lila, hermoso color.