Si nos miramos en los rayos X cuando reímos (hoy se puede hacer con monitores de TV), nos quedamos asombrados. El diafragma baja más y más al paso que los pulmones se dilatan. Inhalamos más oxígeno, que pasa a la sangre de los pulmones. Mientras nos reímos duplicamos o triplicamos la cantidad de sangre expuesta a la acción del oxígeno.