Meterse en camisa de once varas
Dícese del que interviene en asuntos que no le incumben o no le importan.
Este dicho viene de muy antiguo. Aparece recogido en la primera edición del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) de 1729: «Locución contra los que se meten, ó emprenden cosas árduas, no siendo capaces de salir con el intento, por faltarles los requisitos para su logro». Sin embargo, en la edición de 1780 del DRAE se reduce y cambia la explicación para definirlo como: «Qué se aplica al que se mete en asuntos que no le importan». Pero es desde 1822 cuando este dicho queda reflejado en el diccionario académico del mismo modo que en la edición actual: «Inmiscuirse en lo que no le incumbe o no le importa».
Varios autores relacionan esta expresión con la ceremonia de adopción en la Edad Media, en la que al adoptado se le introducía por la manga y se le sacaba por el cuello de una camisa lo suficientemente ancha.
La vara, entre otras cosas, es un patrón de medida, un listón de madera de aproximadamente ochenta y tres cm de largo. O sea que once varas corresponden a unos diez metros de longitud —una camisa muy grande—.
Ese ritual del medievo era, cuando menos, asunto de gran «envergadura»
Dícese del que interviene en asuntos que no le incumben o no le importan.
Este dicho viene de muy antiguo. Aparece recogido en la primera edición del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) de 1729: «Locución contra los que se meten, ó emprenden cosas árduas, no siendo capaces de salir con el intento, por faltarles los requisitos para su logro». Sin embargo, en la edición de 1780 del DRAE se reduce y cambia la explicación para definirlo como: «Qué se aplica al que se mete en asuntos que no le importan». Pero es desde 1822 cuando este dicho queda reflejado en el diccionario académico del mismo modo que en la edición actual: «Inmiscuirse en lo que no le incumbe o no le importa».
Varios autores relacionan esta expresión con la ceremonia de adopción en la Edad Media, en la que al adoptado se le introducía por la manga y se le sacaba por el cuello de una camisa lo suficientemente ancha.
La vara, entre otras cosas, es un patrón de medida, un listón de madera de aproximadamente ochenta y tres cm de largo. O sea que once varas corresponden a unos diez metros de longitud —una camisa muy grande—.
Ese ritual del medievo era, cuando menos, asunto de gran «envergadura»