Ir de punta en blanco
Dícese de aquella persona que ofrece una apariencia muy cuidada.
Aparece recogido en el Diccionario de la Real Academia Española desde su primera edición de 1726 como Armado en blanco, u de punta en blanco: «Cubierto de armas blancas todo el cuerpo, desde los piés hasta la cabeza». En ediciones posteriores la Academia incorporó nuevas acepciones entre las que, hoy día, sin duda la más conocida es la que indica «Vestido de uniforme, de etiqueta o con el mayor esmero».
El origen, de fecha incierta, parece encontrarse en la expresión armado de punta en blanco que significaba, en un caballero medieval, ir equipado de pies a cabeza con todas las armas al uso y listas para el combate, esto es, con la punta en blanco o al descubierto, —frente a la punta en negro que aludía a las armas romas o con la punta protegida que se usaban en juegos o prácticas de combate—. De todo esto se derivó con el tiempo tanto a la definición de «arma blanca» para la que es cortante como a la del individuo, ya no «armado» sino «vestido» de punta en blanco, que se presenta, cuando las circunstancias lo demandan, bien trajeado y con aspecto impecable.
Dícese de aquella persona que ofrece una apariencia muy cuidada.
Aparece recogido en el Diccionario de la Real Academia Española desde su primera edición de 1726 como Armado en blanco, u de punta en blanco: «Cubierto de armas blancas todo el cuerpo, desde los piés hasta la cabeza». En ediciones posteriores la Academia incorporó nuevas acepciones entre las que, hoy día, sin duda la más conocida es la que indica «Vestido de uniforme, de etiqueta o con el mayor esmero».
El origen, de fecha incierta, parece encontrarse en la expresión armado de punta en blanco que significaba, en un caballero medieval, ir equipado de pies a cabeza con todas las armas al uso y listas para el combate, esto es, con la punta en blanco o al descubierto, —frente a la punta en negro que aludía a las armas romas o con la punta protegida que se usaban en juegos o prácticas de combate—. De todo esto se derivó con el tiempo tanto a la definición de «arma blanca» para la que es cortante como a la del individuo, ya no «armado» sino «vestido» de punta en blanco, que se presenta, cuando las circunstancias lo demandan, bien trajeado y con aspecto impecable.