No dar su brazo a torcer
Dícese del que se obstina en no cambiar de opinión o propósito.
No dar su brazo a torcer es un dicho recogido desde la primera edición del Diccionario de la Real Academia Española (1726) como frase que «en sentido metaphórico es permanecer en su opinión y dictámen, con tesón y firméza, sin rendirse à el ajéno»; y así se mantiene hasta la edición de 1936, en la que se enuncia en positivo (Dar su brazo a torcer) con el significado de «rendirse, desistir de su dictamen o propósito» y la matización de que se usa más en negativo, forma en la que llega hasta el momento actual.
El origen del dicho parece encontrarse en el juego tan extendido, y que ha llegado hasta nuestros días, de «pulsear» o «echar un pulso», en el que dos jugadores, con los brazos en ángulo y las manos entrelazadas, se apoyan en una superficie rígida e intentan vencer al contrincante torciendo su antebrazo hasta que toque dicha superficie.
Dícese del que se obstina en no cambiar de opinión o propósito.
No dar su brazo a torcer es un dicho recogido desde la primera edición del Diccionario de la Real Academia Española (1726) como frase que «en sentido metaphórico es permanecer en su opinión y dictámen, con tesón y firméza, sin rendirse à el ajéno»; y así se mantiene hasta la edición de 1936, en la que se enuncia en positivo (Dar su brazo a torcer) con el significado de «rendirse, desistir de su dictamen o propósito» y la matización de que se usa más en negativo, forma en la que llega hasta el momento actual.
El origen del dicho parece encontrarse en el juego tan extendido, y que ha llegado hasta nuestros días, de «pulsear» o «echar un pulso», en el que dos jugadores, con los brazos en ángulo y las manos entrelazadas, se apoyan en una superficie rígida e intentan vencer al contrincante torciendo su antebrazo hasta que toque dicha superficie.