Poner la mano en el fuego
Dícese cuando se responde plenamente de algo o de alguien.
Poner las manos en el fuego aparece en la edición de 1734 del Diccionario de la Real Academia Española como: «Expressión con que se assegura la verdad de alguna cosa, ò la innocencia de alguna persona».
El origen de esta expresión se remonta a los juicios de Dios u ordalías en los que el acusado era sometido a determinadas pruebas, y entre ellas, la de poner las manos en un recipiente con fuego, con el fin de comprobar la veracidad o falsedad de las imputaciones. El resultado favorable o contrario al reo, en razón del mayor o menor daño resultante, se atribuía a la intervención divina y era acatado por la comunidad.
Dícese cuando se responde plenamente de algo o de alguien.
Poner las manos en el fuego aparece en la edición de 1734 del Diccionario de la Real Academia Española como: «Expressión con que se assegura la verdad de alguna cosa, ò la innocencia de alguna persona».
El origen de esta expresión se remonta a los juicios de Dios u ordalías en los que el acusado era sometido a determinadas pruebas, y entre ellas, la de poner las manos en un recipiente con fuego, con el fin de comprobar la veracidad o falsedad de las imputaciones. El resultado favorable o contrario al reo, en razón del mayor o menor daño resultante, se atribuía a la intervención divina y era acatado por la comunidad.