LEYENDAS
Según las creencias mapuches, los volcanes constituían el hogar del Pillán, que era el padre fundador de las razas y linajes, y cuando entraba en erupción era porque desataba su ira por algún comportamiento inadecuado de ellos. No le temían realmente, sino que le profesaban un respeto natural como de hijos a su padre y lo invocaban con sacrificios y ofrendas para hacerle peticiones de diversa índole. Además de humo, temblores y lava, el Pillán expresaba su ira con los truenos y los relámpagos.
Los incas, por su parte, tenían la costumbre de ofrecer cada año el sacrificio de diez doncellas para evitar la furia del volcán.
El Parinacota y el Pomerape, según las leyendas, corresponderían a dos amantes, cuya relación fue prohibida y castigada por alguien que se oponía a su unión, transformándolos en cerros gemelos, que están siempre cerca, mirándose, pero sin poderse tocar. Los signos de actividad que a veces presentan, serían intentos de comunicación entre ellos.
Según las creencias mapuches, los volcanes constituían el hogar del Pillán, que era el padre fundador de las razas y linajes, y cuando entraba en erupción era porque desataba su ira por algún comportamiento inadecuado de ellos. No le temían realmente, sino que le profesaban un respeto natural como de hijos a su padre y lo invocaban con sacrificios y ofrendas para hacerle peticiones de diversa índole. Además de humo, temblores y lava, el Pillán expresaba su ira con los truenos y los relámpagos.
Los incas, por su parte, tenían la costumbre de ofrecer cada año el sacrificio de diez doncellas para evitar la furia del volcán.
El Parinacota y el Pomerape, según las leyendas, corresponderían a dos amantes, cuya relación fue prohibida y castigada por alguien que se oponía a su unión, transformándolos en cerros gemelos, que están siempre cerca, mirándose, pero sin poderse tocar. Los signos de actividad que a veces presentan, serían intentos de comunicación entre ellos.
Victoria: no te va a sentar bien la comida. Pero si sólo hjas tardado ¡17 minutos! entre soltar el ordenador y ponerte otra vez. Tómate un café al menos, mujer. Yo ya he fregado los cacharros y ahora voy a tomármelo. ¿Gustas?
Si quieres te mando un poco por correo.
Hasta más tarde. (No dirás que hoy he andado tacaño. Lo digo por los mensajes, no por el café.)
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