EL PILLÁN VIVE PRISIONERO EN LAS ENTRAÑAS DEL VOLCÁN OSORNO
Versión de Eduardo Ide Martínez:
Cuando aún no habían llegado a estas tierras los hombres blancos,
vivían en la región del lago Llanquihue varias tribus de indígenas que se
dedicaban más a la embriaguez que al trabajo.
Un genio maléfico, el Pillán, había repartido sus secuaces entre esos
indígenas para hacer toda clase de males a los indios. A muchos volvía
locos, suministrándoles infusiones de latué, yerba que produce el efecto
de perturbar la razón de quienes beben su jugo; a otros los deforma,
desfigurándoles la cara o los miembros.
En fin. el Pillán y sus machis imperaban sin contrapeso sobre los pobres
indios, que medio aturdidos por sus vicios, no atinaban a darse cuenta cabal
de su triste situación.
En las noches esas comarcas presentaban un aspecto verdaderamente
pavoroso. Grandes llamaradas que salían de los cráteres iluminaban el cielo
con fulgores de fuego. Las montañas vecinas parecían arder y las inmensas
quebradas que circundaban al Osorno y al Calbuco aparecían como bocas del
mismo infierno.
Cuando los pobres indios, inspirados por los buenos genios, se entregaban
al trabajo y labraban la tierra, el gran Pillán hacía estallar los volcanes y temblar
las tierras: días y semanas enteras llovía fuego y ceniza que destruían en pocas
horas lo que los indios habían labrado en varios años de trabajo.
El Pillán odiaba el trabajo y la virtud, y por eso se enfurecía cuando los
indios abandonaban el vicio y se entregaban a trabajar sus tierras.
Se decía desde antiguo que para vencer al Pillán había que arrojar al
cráter del volcán Osorno una hoja de canelo, y que entonces comenzaría a
caer desde el cielo tanta nieve, que terminaría por cerrar el cráter, dejando
prisionero en su interior al Pillán. Pero los indios no podían llegar al cráter,
ya que los torrentes de lava impedían su acceso.
Un día, en que los indios desesperados estaban celebrando un gran
machitún, se acercó a ellos un indio viejo, de quien nadie supo quien era
ni de dónde provenía, y que pidiendo permiso para hablar les dijo: "Para
llegar al cráter es necesario que sacrifiquéis a la virgen más hermosa de
la tribu. Debéis arrancarle el corazón y colocarlo en la punta del Pichi Juan,
tapado con una rama de canelo. Veréis entonces que un pájaro vendrá
desde el cielo, se comerá el corazón y después, elevando el vuelo, llevará
la rama de canelo y la dejará caer en el cráter del Osorno. Pero para que
esto se cumpla y perdure, debéis hacer promesa formal de ser buenos y
virtuosos, pues si algún día os volvéis a arrojar en los brazos del vicio, la
nieve se derretirá y el Pillán volverá a arrojar fuego y cenizas sobre
vosotros, sobre vuestras casas y sobre vuestras tierras. Sed buenos y
triunfaréis. Así habló el viejo indio para desaparecer luego, tan misterio-
samente como había llegado, sin que nadie se diera cuenta de ello.
Versión de Eduardo Ide Martínez:
Cuando aún no habían llegado a estas tierras los hombres blancos,
vivían en la región del lago Llanquihue varias tribus de indígenas que se
dedicaban más a la embriaguez que al trabajo.
Un genio maléfico, el Pillán, había repartido sus secuaces entre esos
indígenas para hacer toda clase de males a los indios. A muchos volvía
locos, suministrándoles infusiones de latué, yerba que produce el efecto
de perturbar la razón de quienes beben su jugo; a otros los deforma,
desfigurándoles la cara o los miembros.
En fin. el Pillán y sus machis imperaban sin contrapeso sobre los pobres
indios, que medio aturdidos por sus vicios, no atinaban a darse cuenta cabal
de su triste situación.
En las noches esas comarcas presentaban un aspecto verdaderamente
pavoroso. Grandes llamaradas que salían de los cráteres iluminaban el cielo
con fulgores de fuego. Las montañas vecinas parecían arder y las inmensas
quebradas que circundaban al Osorno y al Calbuco aparecían como bocas del
mismo infierno.
Cuando los pobres indios, inspirados por los buenos genios, se entregaban
al trabajo y labraban la tierra, el gran Pillán hacía estallar los volcanes y temblar
las tierras: días y semanas enteras llovía fuego y ceniza que destruían en pocas
horas lo que los indios habían labrado en varios años de trabajo.
El Pillán odiaba el trabajo y la virtud, y por eso se enfurecía cuando los
indios abandonaban el vicio y se entregaban a trabajar sus tierras.
Se decía desde antiguo que para vencer al Pillán había que arrojar al
cráter del volcán Osorno una hoja de canelo, y que entonces comenzaría a
caer desde el cielo tanta nieve, que terminaría por cerrar el cráter, dejando
prisionero en su interior al Pillán. Pero los indios no podían llegar al cráter,
ya que los torrentes de lava impedían su acceso.
Un día, en que los indios desesperados estaban celebrando un gran
machitún, se acercó a ellos un indio viejo, de quien nadie supo quien era
ni de dónde provenía, y que pidiendo permiso para hablar les dijo: "Para
llegar al cráter es necesario que sacrifiquéis a la virgen más hermosa de
la tribu. Debéis arrancarle el corazón y colocarlo en la punta del Pichi Juan,
tapado con una rama de canelo. Veréis entonces que un pájaro vendrá
desde el cielo, se comerá el corazón y después, elevando el vuelo, llevará
la rama de canelo y la dejará caer en el cráter del Osorno. Pero para que
esto se cumpla y perdure, debéis hacer promesa formal de ser buenos y
virtuosos, pues si algún día os volvéis a arrojar en los brazos del vicio, la
nieve se derretirá y el Pillán volverá a arrojar fuego y cenizas sobre
vosotros, sobre vuestras casas y sobre vuestras tierras. Sed buenos y
triunfaréis. Así habló el viejo indio para desaparecer luego, tan misterio-
samente como había llegado, sin que nadie se diera cuenta de ello.