Lo que el olvido perdió. Cuentos infantiles con moraleja. Página de cuentos. Escritores españoles.
- Aún no ha venido, espero con impaciencia, -se oyó una voz desgastada en años.
- No se apure señor, llegará, seguro, solo hay que esperar.
- No creo, -dijo el anciano mirando a los ojos a la enfermera, no creo que venga ya, ya soy un viejo, ya no tengo frescura, ya no tiene motivos para prestarme atención, ya lo he vivido todo, ha estado tanto tiempo lejos de mi, es lógico, se cansó de que no quisiera llamarla nunca, de no querer verla, se cansó de esperar, desapareció de mi vida para siempre.
-No diga eso, no se entristezca, por favor, la verá aparecer por ese pasillo, con su carita sonriente, con su melena desordenada, con ese esplendoroso brillo de cielos en su mirada.
- No, ya no me queda mucho tiempo más, ya gasté todo el tiempo de su compañía, apenas quedan segundos y todo ya se desvanecerá.
- No diga eso, por favor, no sea tan pesimista, quizá esta misma tarde, dentro de un rato la vea.
De repente como un vendaval alguien se asomó por la puerta de la habitación:
- hola, mi lindo viejecito ¿cómo va todo?, ¿qué tal estamos hoy?
- ¡es ella!, ¡ella!, ha venido, - dijo el viejo con un hilillo de voz sujetando el brazo de la enfermera… el anciano afianzó su débil vista en ella… la recorrió con su mirada, la desgastó con infantil ilusión.
Ella vestía una chaqueta color verde azulado, vaqueros desgastados rematados en un estrecho cinturón, elegantes botas de punta color marrón con bolso de piel a juego, ajustado, en su cuello, un sedoso pañuelo de tono verde aguamarina, cuidadosame anudado, pelo recogido hacia atrás por unas gafas de sol y labios pintados con el color de su latente ilusión.
- Aún no ha venido, espero con impaciencia, -se oyó una voz desgastada en años.
- No se apure señor, llegará, seguro, solo hay que esperar.
- No creo, -dijo el anciano mirando a los ojos a la enfermera, no creo que venga ya, ya soy un viejo, ya no tengo frescura, ya no tiene motivos para prestarme atención, ya lo he vivido todo, ha estado tanto tiempo lejos de mi, es lógico, se cansó de que no quisiera llamarla nunca, de no querer verla, se cansó de esperar, desapareció de mi vida para siempre.
-No diga eso, no se entristezca, por favor, la verá aparecer por ese pasillo, con su carita sonriente, con su melena desordenada, con ese esplendoroso brillo de cielos en su mirada.
- No, ya no me queda mucho tiempo más, ya gasté todo el tiempo de su compañía, apenas quedan segundos y todo ya se desvanecerá.
- No diga eso, por favor, no sea tan pesimista, quizá esta misma tarde, dentro de un rato la vea.
De repente como un vendaval alguien se asomó por la puerta de la habitación:
- hola, mi lindo viejecito ¿cómo va todo?, ¿qué tal estamos hoy?
- ¡es ella!, ¡ella!, ha venido, - dijo el viejo con un hilillo de voz sujetando el brazo de la enfermera… el anciano afianzó su débil vista en ella… la recorrió con su mirada, la desgastó con infantil ilusión.
Ella vestía una chaqueta color verde azulado, vaqueros desgastados rematados en un estrecho cinturón, elegantes botas de punta color marrón con bolso de piel a juego, ajustado, en su cuello, un sedoso pañuelo de tono verde aguamarina, cuidadosame anudado, pelo recogido hacia atrás por unas gafas de sol y labios pintados con el color de su latente ilusión.
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