Crispín y los nobles
Crispín se mostraba rebelde a la hora de ayudar a sus padres en las tareas domésticas. Aunque pertenecía a una familia pobre dedicada al cultivo y la cría de ganado, él soñaba con pertenecer algún día a la corte del Rey.
Quería dejar la sencillez familiar y vecinal de aquel poblado medieval habitado por rudos agricultores y rodearse de gente distinguida.
Ocurrió en aquel tiempo que pasó por allí un gran maestro que enseñaba y sanaba a los enfermos.
La curiosidad de los niños del poblado les llevó a acercarse a él, pero fueron espantados por sus celosos seguidores.
Volvieron a acercarse cuando le oyeron decir que no se lo impidiesen, que quería verse rodeado de niños.
Crispín fue uno de ellos.
— ¿Dónde encontraré gente noble a quien servir? —preguntó Crispín expresando una preocupación que le embargaba desde hacía tiempo, mientras el maestro le imponía las manos.
El caso es que como resultado de aquella consulta, y nada más llegar a casa se puso a ayudar en aquello que podía ser útil.
Esto no pasó desapercibido a sus padres
— ¿Qué te ha hecho cambiar tu disposición en casa? —le preguntaron sorprendidos—.
—Las palabras del maestro —contestó con alegría—, dijo que el Reino es de los niños y que yo era tan importante que convierto en noble a quienquiera con solo servirle. ¿Notáis alguna diferencia? ¿Cómo os sentís ahora?
—Orgullosos de ser atendidos por tan destacado ser. Anda Crispín, no te entretengas y acaba de dar de comer a los animales.
Antonio Cárdenas es escritor afincado en Barcelona y operador de CAD
Crispín se mostraba rebelde a la hora de ayudar a sus padres en las tareas domésticas. Aunque pertenecía a una familia pobre dedicada al cultivo y la cría de ganado, él soñaba con pertenecer algún día a la corte del Rey.
Quería dejar la sencillez familiar y vecinal de aquel poblado medieval habitado por rudos agricultores y rodearse de gente distinguida.
Ocurrió en aquel tiempo que pasó por allí un gran maestro que enseñaba y sanaba a los enfermos.
La curiosidad de los niños del poblado les llevó a acercarse a él, pero fueron espantados por sus celosos seguidores.
Volvieron a acercarse cuando le oyeron decir que no se lo impidiesen, que quería verse rodeado de niños.
Crispín fue uno de ellos.
— ¿Dónde encontraré gente noble a quien servir? —preguntó Crispín expresando una preocupación que le embargaba desde hacía tiempo, mientras el maestro le imponía las manos.
El caso es que como resultado de aquella consulta, y nada más llegar a casa se puso a ayudar en aquello que podía ser útil.
Esto no pasó desapercibido a sus padres
— ¿Qué te ha hecho cambiar tu disposición en casa? —le preguntaron sorprendidos—.
—Las palabras del maestro —contestó con alegría—, dijo que el Reino es de los niños y que yo era tan importante que convierto en noble a quienquiera con solo servirle. ¿Notáis alguna diferencia? ¿Cómo os sentís ahora?
—Orgullosos de ser atendidos por tan destacado ser. Anda Crispín, no te entretengas y acaba de dar de comer a los animales.
Antonio Cárdenas es escritor afincado en Barcelona y operador de CAD