LA NUEZ DE ARRIBA: RIEGO LOCALIZADO (XII)...

RIEGO LOCALIZADO (XII)
EL BULBO HÚMEDO.
El bulbo húmedo es la parte del suelo humedecida por un emisor de riego localizado. Los emisores de riego localizado aplican el agua sobre el suelo donde se forma un pequeño charco. A medida que avanza el riego, el bulbo húmedo se hace cada vez más grande, pero a su vez el suelo se humedece más, la velocidad de infiltración disminuye y con ello el bulbo húmedo aumenta su tamaño más despacio.
La forma del bulbo está condicionada en gran parte por el tipo de suelo. En los suelos pesados (de textura arcillosa), la velocidad de infiltración es menor que en los suelos ligeros (de textura arenosa), lo que hace que el charco se mayor y el bulbo se extienda mas horizontalmente que en profundidad. Si se Aplica la misma cantidad de agua en tres suelos con texturas diferentes, la forma del bulbo varirá de forma diferente.
Para que el bulbo moje una determinada superficie de suelo y el agua pueda ser absorbida por las raíces de las plantas adecuadamente, es importante tener en cuenta como se extiende el bulbo horizontalmente. La extensión horizontal del bulbo no se puede aumentar indefinidamente incrementando el caudal del emisor y/o el tiempo de riego, y para conseguir una extensión de agua adecuada hay que actuar sobre el número de emisores que se colocan en las cercanías de las plantas. Por otra parte, la profundidad del bulbo estará relacionada con la velocidad de infiltración del suelo y con el tiempo de aplicación. Por ello es preciso tener en cuenta los factores que afectan a la forma del bulbo húmedo para decidir el número de emisores a colocar y el caudal que deben suministrar para que se produzca una buena distribución del agua en el suelo.
MANEJO DEL BULBO EN CONDICIONES DE SALINIDAD.
El movimiento de las sales en el suelo depende del movimiento del agua. En el riego localizado, el agua se distribuye en el perfil del suelo formando un círculo más o menos alargado alrededor del emisor, y este mismo patrón también lo seguirán las sales que se acumulan en el suelo. El régimen de sales se ve afectado por la alta frecuencia con la que se aplican estos riegos así como por la localización puntual del agua.
Tras la aplicación de un riego tanto las sales que contenía el suelo como las aportadas por el agua de riego se encuentran disueltas. La evaporación y transpiración hacen que la humedad del suelo sea cada vez menor y la concentración de sales aumente hasta que se aplica el riego siguiente. Cuanto mayor sea el tiempo entre riegos, mayor será la salinidad del suelo. Los riegos frecuentes permiten mantener alta la humedad del suelo y baja la concentración de sales. El riego localizado es por tanto muy recomendable cuando el agua de riego sea salina.
La distribución de sales bajo el emisor de riego localizado presenta tres zonas características bien diferenciadas:
Una zona muy lavada debajo del bulbo.
Una zona de baja salinidad que rodea la anterior
Una zona donde se acumulan las sales en la periferia del bulbo y sobre todo en la superficie del bulbo.
Alrededor del bulbo puede observarse una zona blanquecina de forma circular que se forma debido a que el agua que se evapora no se lleva consigo las sales, por lo que van acumulándose próximas a la superficie.
Cuando el volumen de agua aplicado con el riego es mayor, aumenta la zona de intenso lavado y la zona de acumulación de sale se aleja del centro del bulbo, con lo que se evita que las raíces entren en contacto con zonas de elevada salinidad. Este objetivo es el que se persigue aplicando junto con el riego una cantidad de agua extra denominada fracción lavado, que es el porcentaje de agua extra con respecto al agua de riego necesaria. Cuando llueve copiosamente, el agua de riego también contribuye al lavado de sales. Si se producen lluvias de baja intensidad, se corre el riesgo de que las sales se muevan hacia zonas de menor salinidad donde abundan las raíces. Por tanto no es conveniente detener el riego en presencia de lluvias ligeras.
En cultivos anuales puede ocurrir que en la siembra del año siguiente las semillas queden en las zonas superficiales muy salinizadas con los riegos del año anterior, lo que puede afectar a la germinación y crecimiento de la planta joven. En estos casos es preciso controlar con detalle el lugar de siembra.
LAVADO DE SALES EN EL RIEGO LOCALIZADO.
El lavado de sales consiste en la disolución por el agua de las sales del suelo y su desplazamiento hacia capas mas profundas, fuera del alcance de las raíces. Por sus especiales características, el riego localizado requiere un manejo especial del lavado. En caso de disponer de agua suficiente conviene que los lavados sean frecuentes, y en general se aconseja que cada riego lleve una dosis de agua de lavado.
El cálculo de las necesidades de lavado se realiza en función de la salinidad del agua de riego y el umbral de tolerancia de los cultivos a la salinidad. LA tolerancia a la salinidad es la capacidad del cultivo de soportar el exceso de sales en la zona radicular, y no es un valor exacto para cada cultivo sino que depende de numerosos factores como el tipo de sal, clima, estado de desarrollo del cultivo, régimen de riego y manejo del suelo. El umbral de tolerancia a la salinidad es aquella cantidad de sales por encima de la cual el cultivo sufre reducciones en su crecimiento y producción con respecto a condiciones no salinas.